Mostrando entradas con la etiqueta Wilhelm Reich. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Wilhelm Reich. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de abril de 2019

LO IRRACIONAL EN POLÍTICA- W. Reich ( I I I )

Aqui teneis la continuación de la última entrada del blog del dia 25 de marzo  que corresponde al artículo de W. Reich  publicado en el número especial de la revista SEXPOL ( París) , nº 18-19 "Vingt ans après" el 15 de diciembre de 1977. con esta entrada queda el artículo completado.

( Continuación)
. . .

En cambio, no queda nada de las viejas nociones políticas que encontramos en mis primeros escritos sociológicos. Están muertas, moralmente y materialmente, con las organizaciones bajo la influencia de las cuales ellas penetraron en mis escritos.
 Uno encontrará una corrección detallada de los conceptos sociales de mi psicología política en el prefacio de la tercera edición, en lengua inglesa de Psicología de Masas del Fascismo (1946).

La eliminación de las concepciones políticas partidistas no es una regresión a la ciencia académica, desconectada de lo social: bien al contrario, es un paso de gigante que, haciéndonos salir de la irracionalidad política, nos introduce en el terreno del pensamiento racional propio de la democracia del trabajo. No sé ni puedo saber cuales de mis antiguos amigos y colaboradores han seguido el mismo camino, y cuales continúan operando con las viejas concepciones políticas. Quien está al corriente de mis artículos sobre la democracia del trabajo, que aparecieron la mayor parte entre 1936 y 1940, conoce los procesos que me han hecho dejar la política. Es por eso que querría declinar toda la responsabilidad sobre intentos para explotar en vista de una política partidista mis lazos políticos anteriores, viejos de más de catorce años. Debería protestar, inmediatamente, públicamente, si alguien venia a explotar mi nombre o mis obras en favor de una política socializante, comunista, parlamentarista, o de cualquier otro tipo. Nunca he tenido nada que hacer y no tengo nada que ver con el juego de las fuerzas políticas.


Pero el peligro de tal explotación es reducido. No podría hacerse sino al precio de una deformación de los resultados de mi trabajo. La experiencia muestra que la política partidista y la orgonomía mantienen las mismas relaciones que el agua y el fuego.
La concepción de los procesos vitales en una democracia del trabajo excluye las actividades políticas en el sentido tradicional. Nosotros defendemos los procesos reales y no las ideologías. El trabajador serio cumple con su tarea en todas las circunstancias y la defiende con tanta firmeza como es posible. Esto sirve para cualquier proceso de trabajo necesario para la vida. Nosotros informamos al mundo de nuestra manera de organizar el trabajo. Como es el caso de nuestro todo proceso de trabajo compromete el futuro de nuestra sociedad humana. Nosotros debemos organizar la profilaxis del cáncer y de otras biopatias, y por consiguiente el principio de economía sexual en la educación de nuestros niños y la utilización de la energía vital cósmica. Nosotros no podemos indicar a la industria minera o alimentaria como organizar sus actividades según las normas de una democracia del trabajo. Con nuestros conocimientos en psiquiatría y en bioenergética, hacemos un trabajo de pioneros y aclaramos los principios de base del proceso vital.

Instruidos por numerosas experiencias pasadas, sabemos que a cada progreso decisivo en el terreno de la higiene social, tal o cual político poderoso busca  prohibirnos el paso. Debemos declarar aquí que, durante numerosos años, hemos intentado pacientemente, apoyándonos sobre los éxitos de nuestra practica, de cooperar con los políticos responsables de todos los lados. Sólo hemos tenido dificultades y tuvimos que afrontar los peligros y las difamaciones que  surgían de los políticos. Todos los peligros (échecs) que la orgonomía ha tenido que superar en el curso de su desarrollo, fueron los políticos: políticos comunistas, socialistas, políticos de organizaciones psicoanalíticas, médicas, políticos cristianos en el poder, políticos del Estado fascista, de la dictadura policial, y otros. Los responsables de la orgonomía han demostrado que están  listos para cooperar. Los políticos han probado que son enemigos, no tanto por motivos personales como por motivos que están en la base de su existencia. Es pues una falta de los políticos si los proponentes de la economía sexual, de la psicología política y de la orgonomía los ignoran ahora. Puesto que nuestra primera preocupación es la de cumplir con nuestras tareas sociales, nosotros estamos automáticamente, lo queramos o no, contra la política de todo género.

Nuestro punto de vista sobre las cuestiones sociales está expuesto en este libro, como en otros escritos, de forma clara y sin equívoco.Nosotros queremos dar a conocer este punto de vista al mundo de la política partidista. Nadie podrá más tarde disculparse diciendo que “no lo sabía”. Las experiencias de estos doce últimos años terribles nos han enseñado que el político utiliza el fruto del trabajo honesto de otras personas en vista de asegurarse votos. Cuando se ha asegurado de bastantes votos, y ha, de esta manera, adquirido un poder social, lanza entonces todo por la borda, fríamente y sin escrúpulos, a los que le han permitido acceder al poder. Está en su naturaleza, después de haberse apropiado del fruto del trabajo de otros, de eliminar a los que han hecho el trabajo a través de la difamación o el pelotón de ejecución. No es difícil darse cuenta de que un Lenin, un Engels, etc.…no habrían sobrevivido en 1930 en 1930, de la misma forma que un Freud americano no habría sobrevivido si un Hitler americano hubiera tomado el poder gracias a los descubrimientos de Freud. Estas cosas son hoy en día banalidades.

No sabemos quiénes serán los políticos de Europa de América o de Asia, en 1960 o 1984. Esta en la naturaleza de cualquier política de perjudicar a las ciencias, cuando las promesas de los políticos se traducen de forma efectiva. No es este o aquel trabajador que el dictador intenta eliminar, sino el principio dominante de su trabajo, quieren explotar el trabajo, pero no quieren darle el derecho de dirigir el destino de la humanidad.

Estas constataciones no son ataques personales, dado que no conocemos a los políticos de los futuros decenios. Pero no puedo evitar de lanzarles una advertencia: la hostilidad abierta es mejor que la amistad deshonesta.

Nosotros estamos hoy en día más armados que en los años precedentes contra los ataques solapados e irracionales de los políticos. Además, los tiempos nos son ahora favorables, y han cesado de jugar con nosotros. Ciertamente, los ataques insidiosos de la peste emocional contra la orgonomía se vuelven contra sus autores, pero nos cuestan mucho esfuerzo y dinero y no cesan de poner nuestra vida en peligro. Es pues indispensable desenmascarar incansablemente la naturaleza irracional de la política, a fin de que esto sea bien precisado y afirmado públicamente, en caso de que, de nuevo, cualquier persona afectada por la peste emocional se sintiera provocada por los hechos de la vida. Por supuesto, uno no puede defenderse contra las balas de un tirador emboscado. Puede ser que los políticos estén de acuerdo en reconocer su asesinato si nosotros les aseguramos que no queremos disputárles el poder; que les abandonamos completamente el campo de la “dictadura del proletariado”, y que nosotros nos limitamos a nuestro trabajo sobre los seres humanos náufragos. Por otra parte, los asesinatos no sirven para nada. No harían más que crear mártires; la investigación viva, el esfuerzo y la lucha por la verdad y la felicidad humana se reforzaran mil veces.

Espero haberme expresado con bastante claridad.

Wilhelm REICH

lunes, 25 de marzo de 2019

LO IRRACIONAL EN POLÍTICA- W. Reich ( I I )

 Aqui teneis la continuación de la última entrada del blog del dia 18 de marzo  que corresponde al artículo de W. Reich  publicado en el número especial de la revista SEXPOL ( París) , nº 18-19 "Vingt ans après" el 15 de diciembre de 1977.

( Continuación)
. . .


He tenido la suerte, si uno quiere, la mala suerte, de haber comprendido este hecho, no como la mayoría hacia 1942 solamente, sino ya en 1927, y de haber empezado entonces a estudiarlo. El primer contacto con la irracionalidad humana fue para mí un choque inmenso. Es increíble que yo haya sobrevivido sin volverme mentalmente enfermo. Se ha de comprender que esta experiencia me golpeo en plena adaptación a las formas de pensamiento comunes. Yo pasaba- sin tener una noción de lo que estaba en juego- por una clase de “estado inevitable”, es decir por un estado que se convirtió en  muy familiar estos diez últimos años para todo neófito en economía sexual y en orgonomía. Es así como uno puede caracterizar mejor este estado: es como si uno percibiera de un golpe la nihilidad científica, la absurdidad biológica y la nocividad social de ideas y de instituciones que hasta aquí habían parecido del todo completamente naturales y evidentes. Es una clase de experiencia de “fin del mundo” que encontramos tan a menudo en esquizofrénicos en su forma patológica. Me gustaría pensar que la forma esquizofrénica de la enfermedad mental se acompaña generalmente de un destello de lucidez acerca de la irracionalidad de los procesos sociales y políticos, y especialmente de la educación de los niños. Lo que nosotros llamamos el verdadero “progreso cultural” es esencialmente el resultado de dichos destellos de intuición límpida. Rousseau, Voltaire, Pestalozzi, Nietzsche y muchos otros, han sido los representantes. La diferencia entre la experiencia del esquizofrénico  y las intuiciones de los creadores poderosamente originales consiste en que las intuiciones revolucionarias despliegan sus efectos prácticos durante largos periodos, a menudo durante siglos. En el curso de las revoluciones sociales tales como aquellas de 1776 en América, de 1789 en Francia, de 1917 en Rusia, éstas son visiones racionales similares que invadían la sensibilidad de millones de persones. Con el tiempo, las “verdades radicales” se hacen tan obvias como lo fueron en el pasado las ideas y las instituciones irracionales. Que las visiones racionales conducen a depresiones en el individuo, o a una transformación racional de las condiciones sociales, esto depende de numerosas circunstancias. En el individuo esto depende ante todo de su  capacidad genital y de la organización racional de su pensamiento; en las masas, la salida depende de la integración del saber científico a las necesidades sociales. Es bien conocido que una intuición válida puede surgir prematuramente en un individuo, antes que el proceso social haya alcanzado el mismo grado de madurez. La historia de las ciencias y del desarrollo cultural proporciona muchos ejemplos. El eje del libro “Los Hombre en dificultad”, es el bloqueo de los procesos vitales simples y naturales por la irracionalidad social que, producida por seres enfermos, está anclada en el carácter de las masas humanes y adquiere así una importancia social. No es la organización racional existente de la vida social, sino al contrario la producción continua de irracionalismo político, que es una obra gigantesca. Es un problema verdaderamente diabólico. La energía biológica que a lo largo de una vida esta empleada de forma irracional en una biopatía podría, si ha estado dirigida racionalmente, resolver los grandes enigmas de la existencia humana. Ningún bio-psiquiatra en ejercicio puede escapar a esta conclusión. El sueño de una vida social mejor sigue siendo solo un sueño por la razón de que el pensamiento y los sentimientos humanos están cerrados a las funciones simples y todas funciones cercanas a la Vida. Este punto de vista central concerniente a los procesos vitales de una democracia el trabajo emergió espontáneamente en el curso de los acontecimientos.
Durante años, hice personalmente el experimento de la irracionalidad social en Europa central. Más tarde en tanto que medico e investigador científico, lo he sufrido personalmente de los demás. Durante años yo fui simultáneamente un hombre político (es decir un hombre que se interesa activamente de los asuntos sociales) y un trabajador, sin tener conciencia de la incompatibilidad entre el trabajo y  la política. El político en mí sucumbió, mientras que el medico, el investigador y sociólogo no solamente soportaron el caos social sino que incluso sobrevivieron. Yo tuve la ocasión de seguir sobre el terreno, y de sufrir personalmente el desarrollo de numerosas catástrofes políticas: el hundimiento de la monarquía austriaca; la breve dictadura de Hungría; la breve dictadura de Múnich; la caída de la social democracia austriaca, y de la República austriaca; el nacimiento y la caída de la República alemana. He vivido las emigraciones húngaras, austriacas y alemanas. Más tarde seguí el colapso de Checoslovaquia, la caída de Polonia, de Holanda, de Bélgica, de Dinamarca, de Noruega y de Francia. Yo he tenido lazos personales y profesionales con todos estos países. En todo este desastre político, un solo hecho emergía: tan pronto como un político había cruzado las fronteras de su país, se volvía inútil y no podía echar raíces en la sociedad, si por otro lado un trabajador pasaba las fronteras de su país podía recuperarse en cualquier otro lugar más o menos rápido, a menos de ser excluido profesionalmente y materialmente por los políticos.

Este solo hecho revela una verdad enorme: la política sufre de límites nacionales y locales; el trabajo es verdaderamente internacional y escapa a toda limitación por las fronteras. Es únicamente al final de este libro que podremos apreciar este estado de coses en todas sus consecuencias sociales. Hay ahora numerosos grupos en Europa y en otros lugares que han hecho de mis escritos sociológicos de 1927 a 1938 la base de su nueva orientación social. Es por eso que es necesario que precise mi punto de vista: yo asumo aún plenamente la responsabilidad de cada una de mis afirmaciones científicas, médicas o socio-pedagógicas de esta época, en la medida donde el trabajo posterior no ha impulsado correcciones o impulsará en el futuro. Las enseñanzas de la orgonomía individual y social permanecen esencialmente sin alterar en su estructura, y después de haberse sometido a la prueba de los eventos sociales de un alcance crucial, reposan sobre bases solidas. Las búsquedas sobre la energía orgónica, que se remontan aproximadamente a 1934, han proporcionado la base experimental de este cuerpo de enseñanza que no es un sistema de pensamiento cerrado. La economía sexual es hoy en día una rama reconocida de la biofísica y de la física científicas.

( Continua...)

lunes, 18 de marzo de 2019

LO IRRACIONAL EN POLÍTICA- W. Reich ( I )

Con nuevas energías y a dos días del equinoccio de primavera, queremos compartir en el blog este interesante artículo de W. Reich  publicado en el número especial de la revista SEXPOL ( París) , nº 18-19 "Vingt ans après" el 15 de diciembre de 1977.
40 años después de su publicación nos invita a reflexionar sobre su vigencia actual. Esperamos que lo disfruteis. Saludos.



WILHELM REICH

Los fascistas y los psicoanalistas lo acusaron de ser “comunista y agente de Moscú” los comunistas de ser un “contra-revolucionario agente de la burguesía”; una parte de la ciencia oficial lo ha acusado de “materialismo burdo” otra de “misticismo vitalista”; los estados demócratas-burgueses lo han perseguido como “elemento sospechoso perjudicial para el orden público”. Los USA, para acabar, han quemado sus obras antes de hacerle morir en prisión 1897-1957.









He aquí lo esencial de la introducción escrita en 1945, del libro People in trouble, que no apareció hasta 1953 en los Estados-Unidos (y que se publicará próximamente en Payot). Es un registro político, sobre política. Si Reich se afirma “contra la política de cualquier tipo”, es por la Vida y su expresión social racional que él se pronuncia firmemente.


LA POLÍTICA IRRACIONAL

En el origen yo era un clínico que únicamente estaba interesado en la ciencia y la filosofía, y no en la sociología ni incluso en la política. La evolución espontanea de la orgonomia, ciencia que yo fundé, me había conducido al principio, hacia 1919, al campo de la economía sexual individual y social. Es la economía sexual la que ha preparado el descubrimiento de la energía del orgón; la Energía Vital Cósmica.

Al mirar las cosas retrospectivamente en 1945, debo decir que el descubrimiento de la energía de orgón había girado por mis dedos por mis dedos, sin dejar de lado  las experiencias que se describen en este libro. Este descubrimiento debe la existencia a los obstáculos que le oponían la organización irracional de la sociedad humana y la estructura caracterial del animal humano del siglo XX. La necesidad de identificar estos obstáculos como expresiones patológicas de la vida,  no como de golpes del destino, y la necesidad de encontrar los medios de superarlos, nos proporcionaron los métodos de la búsqueda orgonómica. En aquella época ya no tenía la noción de la existencia de la energía cósmica de orgón más que cualquier psicoanalista ocupándose de la psicología de las profundidades o cualquier físico o biólogo interesándose sobre el magnetismo terrestre o la división celular. Como he subrayado a menudo no es el descubrimiento de la Energía Vital, sino al contrario, su no descubrimiento por un periodo de tiempo alrededor de veinticinco siglos, que fue efectivamente el efecto de la represión. Dos decenios de búsqueda clínica sobre la actitud humana de represión de los procesos vitales me condujeron al problema de la irracionalidad humana. ¿Por que razón el hombre no se defiende contra algo tanto como contra la aceptación de su ser, de su origen biológico y de su verdadera constitución? Yo no sabía nada  en la época de la degeneración biológica del animal humano, que ha amenazado su existencia individual y social durante milenios, de forma crónica y bajo la forma de catástrofes regularmente repetidas.


Teniendo esta pregunta en el espíritu, fui atrapado por una duda concerniente a la racionalidad de los procesos del pensamiento humano, duda que no me dejaría nunca más. Cuando la paz reinaba aún la duda tenía pocos alimentos. Las neurosis que Freud había sabido comprender de forma científica, aunque  únicamente solo en el plano psicológico, me parecían, como a todo el mundo, ser enfermedades afectando a organismos sanos. Si alguien antes de 1927, hubiera sostenido que  tantas instituciones sociales habían sido durante milenios  en el fondo irracionales, es decir patológicas, yo hubiera sido uno de sus adversarios más implacables. Desde entonces, la evolución de la Sociedad por todas partes en este mundo, empezando por Europa, ha vuelto banal el hecho de que el ser humano y la sociedad en la cual vive están psicológicamente enfermos en el sentido estrictamente psiquiátrico del nombre.*

(* continúa....)


sábado, 20 de octubre de 2012

IDYLLIC GROUNDS...

En  entrada podéis acceder al enlace del artículo de Jane Roy Brown, publicado en The Boston Globe/ septiembre 6, 2009. ©Copyright 2009 The New York Times Company 



Agradecemos a Josep Salip la traducción del artículo del ingles al catalán; y al final de la entrada podéis encontrar la traducción del catalán al castellano.

Terrenys idíl•lics desmenteixen ( o contradiuen les baralles a causa de ) la recerca o investigació del fundador.

Rangeley, Maine- Vist des de la teulada del museu Wilhelm Reich, els llacs de Rangeley és fonen en el cel al llarg d’un horitzó infinit. Un camp de nabius descendeix turó avall des d’aquest modern edifici de pedra amb els seus teulats amb terrasses de diversos nivells.

Els núvols inflats i les grans vistes, l’aroma de les fulles espinoses de pi rostint-se al sol i la penetrant tranquil•litat fan que sigui difícil de creure que aquests 175 acres coneguts com a Orgonon, fossin l’escenari d’un poc conegut acte de censura, portada a terme per una branca poc amistosa del govern. El 26 de juny de 1956, agents de ( Food and Drug Administration) (Departament sobre menjar i medicaments) varen arribar aquí per a cremar diverses caixes del treball de recerca publicat per Wilhelm Reich, l’investigador, metge i científic nascut a Àustria que era el propietari del centre. Un mes més tard, a Nova York, els agents de la FDA, supervisarien la crema de diverses tones de publicacions de Reich- inclosos els llibres de tapa dura- procedents de la seva col•lecció privada.

Els esdeveniments que varen conduir a aquesta plantofada de ciència ficció, degut per una part al context de la paranoia conformista dels anys 50, quan vàries agències federals semblaven obstinades a aconseguir el futur distòpic de Georges Orwell, i per altra part perquè Reich va encunyar noms per als seus descobriment i invencions que podien molt bé haver sorgit d’una novel•la de Vonnegut. Però, com a visitants d’aquest singular museu, aprenem tot el que en realitat va succeir. A partir de 1947, la FDA creu que Reich, que s’havia format com a psicoanalista sota la tutela de Sigmund Freud, era un xarlatà , que promovia de forma falsa les seves idees, recerques científiques i invents mèdics. “L’acumulador d’energia orgònica” per a millorar el sexe i la salut.

Set anys més tard, la FDA va convèncer un tribunal federal de Maine, per a emetre una Querella Judicial contra Reich, prohibint el transport interestatal d’acumuladors d’orgó. La denúncia també prohibia tots els llibres de Reich, i altres publicacions que mencionessin l’ energia orgónica, el terme que havia encunyat per a la força biològica fonamental que era l’objecte del seu treball mèdic i científic .

Durant el maig de 1956, Reich va ser declarat culpable de desacatament al tribunal, per violació de l’ordre judicial i condemnat a dos anys de presó. Aquell estiu, a més de la crema de les publicacions de Reich, els agent de la FDA van supervisar la destrucció dels acumulador d’orgó en la seva propietat de Rangeley. Reich va morir el 1957, vuit mesos desprès de la seva condemna a la penitenciaria federal de Lewisburg, Pensilvània , EUA, tenia 60 anys.

“ Per a dir-ho suaument, aquestes accions varen tenir un efecte de refredament en la continuació de la recerca de Reich per a altres metges i científics”. Diu Kevin Hinchey, director associat del museu de Wilhelm Reich, el qual s’ubica a l’Observatori d’energia orgónica a Orgonon ( pronunciat Or-ga-non). “ El fet és que la majoria del treball mèdic i científic de Reich s’ha reproduït durant dècades. Però el nombre de metges i científics és petit, i qualsevol de les comunitats mèdiques i científiques tradicionals són desdenyoses del treball de Reich, sense haver-ho estudiat o ignorant-ho del tot la qual cosa és irònica ja que els arxius de Reich és troben a la Biblioteca de Medicina Cotwav a la Universitat de Harvard”.

La lluita de Reich amb les autoritats va començar molt abans d’emigrar als Estats Units el 1939, i es varen enfrontar contra ell enemics més formidables que la FDA : el partit Nazi, el partit Comunista, i l’Associació Psicoanalítica Internacional. I desprès d’arribar a aquest país, tant el FBI com el servei d’Immigració i Naturalització tampoc estaven molt entusiasmats amb ell.

¿Quina era la raó per a aquesta uniforme enemistat? Una bona part del treball i de les activitats que Reich va portar a terme a Europa giraven al voltant del sexe “ inclosos els esforços tan polítics com pràctics per adaptar les institucions culturals amb l’objectiu de satisfer les necessitats emocionals i sexuals de la gent,”diu Hinchey. Però deixar-ho només amb això sobre simplifica el seu treball mèdic i científic , que ha estat molt mal entès i distorsionat, afegeix “Només busques amb Google “orgone” i “Wilhelm Reich i trobaràs tota mena de ximpleries, majoritàriament falses. Més de 7.000 pàgines dels escrits de Reich estan disponibles al públic , per lo tant no hi cap excusa per a no llegir les fonts primàries per a obtenir informació precisa.” diu Hinchey, en que el seu treball inclou tractar de guiar els esdeveniments de forma correcta. El museu tracta de fer precisament això. Els visitants comencen veient una mitja hora d’una pel•lícula biogràfica. Entre moltes altres coses, respon a la pregunta, “¿ Per què aquí? ” Reich va visitar per primera vegada la regió en un viatge d’acampada el 1940, i va sentir que la baixa humitat i l’aire pur facilitaria els seus experiments. El 1942 va comprar la propietat d’aquesta antiga granja, amb el temps utilitzat com a laboratori d’estiu ( l’oficina del museu i el centre de conferències ), dos cases -cabanes residencials ( llogades per a un any), i l’observatori ( llar de l’actual museu).

La pel•lícula  també explica la naturalesa de la investigació de Reich i dissipa els mites sobre ell. Mentre estudiava sota la tutela de Freud i observava els seus propis pacients, Reich comença a reconèixer els efectes tangibles de la vida sexual saludable i satisfactòria sobre l’estructura emocional i el benestar físic de la persona.

Conseqüentment, això el va portar a creure que el concepte freudià de “libido” era una energia biològica real – no només una idea psicològica- que algun dia podria ser mesurada. El treball clínic de Reich amb els seus pacients psicoanalítics, seguit d’anys d’experiments de laboratori implicant l’estudi microscòpic de matèria viva- incloent protozous, la sang i les cèl•lules cancerígenes – el varen conduir al seu descobriment d’aquesta energia biològica ( orgó) en cultius microscòpics.

Posteriorment Reich va descobrir l’energia orgónica en l’atmosfera, que el va portar a la conclusió que l’orgó impregna totes les substàncies i totes les parts del medi ambient. El 1952 va inventar un instrument anomenat cloudbuster (caça núvols) ( un grup de tubs metàl•lics buits dirigits cap al cel i connectats mitjançant cables a l’aigua)- que s’utilitza per a canviar els models climàtics, alternant les concentracions d’orgó atmosfèric. Reich també va aprofitar l’energia orgónica per fer funcionar un petit motor en el seu laboratori, i tan ell com d’altres metges han utilitzat els acumuladors d’orgó per al tractament experimental dels pacients amb càncer . Segons una acta notarial impresa en un llibre de Reich 1948 “ La Biopatía del Càncer”, Reich mai no va prometre una cura ni va cobrar honoraris a pacients terminals de càncer, els quals s’oferien voluntàriament per a seure en aquests dispositius : Cabines de la grandària d’una sauna fetes de capes alternes de metall i de material orgànic.

Desprès del film, es visita el nomenat laboratori de Reich, on el seu equipament mèdic i científic es mostra amb plaques explicatives del seus experiments. El seu confortable antic estudi ocupa el pis superior, ple de llum, de l’edifici, amb la majoria de mobles i pertinences personals, que es troben tal i com Reich els va deixar. Ciència a una banda, la coberta de la més alta de les teulades amb terrassa ofereix una de les millors vistes que és poden obtenir sense haver d’escalar una muntanya.

Jane Roy Brown.


Terrenos idílicos desmienten (o contradicen las peleas a causa de) la búsqueda o investigación del fundador.

Rangeley, Maine- Visto desde el tejado del museo Wilhelm Reich, los lagos de Rangeley se funden en un el cielo a lo largo de un horizonte infinito. Un campo de arándanos desciende cerro abajo desde este moderno edificio de piedra con sus tejados con terrazas de diversos niveles.

Las nubes hinchadas y las grandes vistas, el aroma de las hojas espinosas de pino calentándose al sol y la penetrante tranquilidad hacen que sea difícil de creer que estos 175 acres conocidos como Orgonón , fueran el escenario de un poco conocido acto de censura, llevado a término por una rama poco amistosa del gobierno. El 26 de junio de 1956, agentes de ( Food and Drug Administration) ( Departamento sobre Comida y Medicinas) llegaron aquí para quemar diversas cajas del trabajo de búsqueda publicado de Wilhelm Reich , investigador, médico y científico nacido en Austria que era el propietario del centro. (Un mes más tarde, en Nueva York, los agentes de la FDA, supervisaron la quema de diversas toneladas de publicaciones de Reich- incluidos los libros de tapa dura- procedentes de su colección privada.

Loas acontecimientos que condujeron a este golpe de mano de ciencia ficción, debido en parte al contexto de la paranoia conformista de los años cincuenta, cuando varias agencias federales parecían obstinadas en conseguir el futuro distopico de Georges Orwell, y por otra parte porque Reich acuñó nombres para sus descubrimientos y invenciones que podían muy bien haber surgido de una novela Vonnegut.

Pero como visitantes de este singular museo, aprendemos todo lo que en realidad sucedió. A partir de 1947, la FDA cree que Reich, que se había formado como psicoanalista bajo la tutela de Sigmund Freud, era un charlatán, que promovía de forma falsa sus ideas, búsquedas científicas e inventos médicos.”El acumulador de energía orgonica” para mejorar el sexo y la salud.

Siete años más tarde, la FDA convenció a un tribunal federal de Maine para emitir una Querella Judicial contra Reich, prohibiendo el transporte interestatal de acumuladores de orgón. La denuncia también prohibía todos los libros de Reich y otras publicaciones que mencionaran la energía orgónica el término que había acuñado para la fuerza biológica fundamental que era el objeto de su trabajo médico y científico.

Durante el mayo de 1956, Reich fue declarado culpable de desacatamiento al tribunal, por violación de la orden judicial y condenado a dos años de prisión. Aquel verano, además de la quema de las publicaciones de Reich, los agentes de la FDA supervisaron la destrucción de los acumuladores de orgón en su propiedad de Rangeley. Reich murió el 1957, ocho meses después de su condena en la penitenciaria federal de Lewisburg. Pensilvania.EUA. Tenia 60 años.

“ Por decirlo suavemente, estas acciones tuvieron un efecto de enfriamiento en la continuación de la búsqueda de Reich para otros médicos y científicos”, dice Kevin Hinchey, director asociado del museo Wilhelm Reich, el cual se ubica en el Observatorio de energía orgónica en Orgonon ( pronunciado Or-ga-non). “El hecho es que la mayoría del trabajo médico y científico de Reich se ha reproducido durante décadas. Pero el número de médicos y científicos es pequeño, y cualquiera de las comunidades medicas y tradicionales son desdeñosas del trabajo de Reich, sin haberlo estudiado o ignorándolo del todo. Lo cual es irónico, ya que los archivos de Reich se encuentran en la Biblioteca de Medicina Countway en la Universidad e Harvard.” La lucha de Reich con las autoridades empezó mucho antes de emigrar a los Estados Unidos en 1939, y se enfrentaron contra él enemigos más enormes que la FDA: el partido Nazi, el partido Comunista, y la Asociación Psicoanalítica Internacional. Y después de llegar a este país, tanto el FBI como el servicio de Inmigración y Naturalización tampoco estaban muy entusiasmados con él.

¿Cuál era la razón para esta uniforme enemistad? Una buena parte del trabajo y de las actividades que Reich llevó a termino en Europa giraban alrededor del sexo “incluidos los esfuerzos tanto políticos como prácticos para adaptar las instituciones culturales con el objetivo de satisfacer las necesidades emocionales y sexuales de la gente” dice Hinchey. Pero dejarlo únicamente en esto sobresimplificar su trabajo medico y científico, que ha estado muy mal entendido y distorsionado, añade “ Nada más buscas en Google “ orgone” y “ Wilhelm Reich” y encontraras toda clase de tonterías mayoritariamente falsas. Más de 7000 paginas de los escritos de Reich están disponibles para el publico, por lo tanto no existe ninguna excusa para no leer las fuentes primarias para obtener información precisa.” Dice Hinchey, en que su trabajo incluye tratar de guiar los acontecimientos de forma correcta.

El museo trata de hacer precisamente esto. Los visitantes empiezan viendo una media hora de una película biográfica. Entre muchas otras cosas, responde la pregunta, “¿Por qué aquí?” Reich visitó por primera vez la región en un viaje de acampada el 1940, y sintió que la baja humedad y el aire puro facilitarían sus experimentos. El 1942 compró la propiedad de esta antigua granja, con el tiempo utilizada como laboratorio de estudio (la oficina del museo y el centro de conferencias), dos casas-cabaña residenciales (alquiladas para un año), y el observatorio (hogar del actual museo)

La película también explica la naturaleza de la investigación de Reich y disipa los mitos sobre él. Mientras estudiaba bajo la tutela de Freud y observaba a sus propios pacientes, Reich empieza a reconocer los efectos tangibles de una vida sexual saludable y satisfactoria sobre la estructura emocional y el bienestar físico de la persona. Consecuentemente, esto le llevó a creer que el concepto freudiano de “libido” era una energía biológica real – no sólo una idea psicológica- que algún día podía ser medida. El trabajo clínico de Reich con sus pacientes psicoanalíticos, seguido de años de experimentos de laboratorio implicando el estudio microscópico de la materia viva- incluyendo protozoos, la sangre y las células cancerígenas- le condujeron a su descubrimiento de esta energía biológica (orgón) en cultivos microscópicos.

Posteriormente Reich descubrió la energía orgónica en la atmosfera, que lo llevó a la conclusión que el orgón impregna todas las sustancias y todas las partes del medio ambiente. En 1952 inventó un instrumento llamado cloudbuster ( cazanubes) - un grupo de tubos metálicos vacíos dirigidos hacia el cielo y conectados mediante cables al agua- que se utiliza para cambiar los modelos climáticos, alterando las concentraciones de orgón atmosférico. Reich también aprovechó la energía orgónica para hacer funcionar un pequeño motor en su laboratorio, y tanto el como otros médicos han utilizado los acumuladores de orgón para el tratamiento experimental de pacientes con cáncer. Según un acta notarial impresa en un libro de Reich del 1948 “La Biopatía del Cáncer”, Reich no prometió nunca una cura ni cobró honorarios a pacientes terminales de cáncer, los cuales se ofrecían voluntariamente para sentarse en estos dispositivos: Cabinas el tamaño de una sauna hechas de capas alternas de metal y de material orgánico.

Después del film, se visita el llamado laboratorio de Reich, donde su equipamiento médico y científico, se muestra en placas explicativas de sus experimentos. Su confortable antiguo estudio ocupa el piso superior, lleno de luz, del edificio, con la mayoría de muebles y pertenencias personales, que se encuentran tal y como Reich las dejo. Dejando de banda la ciencia, la cubierta del más alto de los tejados con terraza ofrece una de las mejores vistas que se pueden obtener sin haber de escalar una montaña.

Jane Roy Brown.






jueves, 10 de noviembre de 2011

LA SEXUALIDAD EN LOS ADOLESCENTES

Esta publicación  en la revista  Sciences orgonómiques 2Année nº 6 - 1987. Corresponde a un artículo  del Doctor Wilhelm Reich aparecido en Der Sexuelle Kampf der Jugend.Verlag fur Sexualpolitik, Berlin, 1932.


LA SEXUALIDAD EN LOS ADOLESCENTES*

Doctor Wilhelm Reich



Nota de Dr.Barbara G. Koopman: Esta monografía, escrita en 1932, es de un interés histórico para el estudiante en ciencias orgonómicas; refleja la influencia de la doctrina marxista sobre Reich. En esta época Reich había esperado que las únicas sociedades revolucionarias, como la Unión Soviética, se hallaría en situación de aliviar el desamparo emocional de las masas favoreciendo métodos adecuados de economía sexual. Reich perdió muy rápidamente sus ilusiones cuando la Unión Soviética revocó todas las medidas de economía sexual para volver a la represión de otro tiempo. Cortó , pues, todo lazo con el marxismo y la Unión Soviética, dándose cuenta de que la afirmación de la sexualidad no pasaba por decretos políticos. No obstante, los aspectos clínicos y teóricos de este artículo permanecen válidos.


Incluso antes que los adolescentes sean sexualmente maduros y preparados para tener relaciones sexuales, la impulsión sexual se encuentra ya presente y se manifiesta en realidad bajo diferentes formas desde la más tierna infancia.

Una de estas formas, que aparece finalmente de tanto en tanto en primer plano y que realiza la transición hacia la vida sexual adulta, es la que llamamos onanismo o masturbación. Tanto en la educación religiosa como en la laica, la masturbación de los niños y de los adolescentes es considerada como un pecado grave, como un fenómeno muy peligroso y perjudicial para la salud. La sexología moderna nos ha permitido, solamente desde hace poco, considerar el onanismo como una fase de transición completamente normal entre la sexualidad infantil y la adolescencia. Nos hemos interrogado mucho para saber cuales son las razones que empujan a los jóvenes al onanismo. Es sólo después de  desembarazarse de la concepción, según la cual la autosatisfacción es un pecado, que ha sido posible reconocer que es simplemente la expresión de la tensión sexual corporal y psíquica en el organismo juvenil; que no se distingue en absoluto, en principio, de un simple prurito o de un picor en la piel, puesto que ella reposa igualmente sobre la tensión de un órgano, tensión que puede ser suprimida por el frotamiento. El onanismo (1) se distingue por supuesto del picor banal por una intensidad mucho más importante de la tensión y la satisfacción.

Se ha discutido mucho para saber si el onanismo es perjudicial o no. Algunos mantienen que es inofensivo, otros, con la misma vehemencia, que es nocivo. La cuestión está mal planteada de esta manera. Más bien debemos preguntarnos cuándo y en que condiciones el onanismo es perjudicial o no. Se ha presentado hasta ahora la continencia como la única forma de vida posible de los jóvenes y como la mejor solución al problema; caímos más tarde en el defecto inverso presentado el onanismo como absolutamente inofensivo y como la única salida y la mejor solución al problema de los adolescentes. Veremos que esta concepción es simplemente una forma de escapar al problema más crucial y el más difícil de resolver de la vida sexual del adolescente, es decir, el problema de las relaciones sexuales.

La autosatisfacción o la satisfacción recíproca de los niños y los adolescentes antes de la madurez sexual nace de necesidades físicas fundamentalmente naturales. Sin embargo en la edad de la pubertad, la sociedad no deja a los adolescentes mas que la elección del onanismo, sola y exclusiva posibilidad de actividad sexual, puesto que a esta edad las relaciones sexuales son oficialmente prohibidas, tabús y rodeadas de diversas medidas, resultan difíciles incluso imposibles. Estudios antropológicos muestran claramente que el onanismo no es una actividad sexual natural de los adolescentes en la pubertad, siendo el caso que en algunas tribus primitivas no se crea prácticamente ningún obstáculo a que los jóvenes tengan relaciones sexuales.

Para una evaluación correcta del onanismo, es necesario hacer la distinción entre las formas patológicas y las formas normales de autosatisfacción.

A fin de definir cual es la forma sana, inofensiva del onanismo al inicio de la pubertad, debemos llevar nuestra atención sobre los adolescentes que comienzan a masturbarse sin haber estado influenciados por sus padres o la religión o la literatura pornográfica. El joven siente una tensión en el órgano sexual, y lleva su mano allí, la primera vez lo hace inconscientemente; la eyaculación es a menudo para él una total sorpresa y el resultado es un alivio y un apaciguamiento sexual durante dos, cuatro o cinco días hasta que reaparece la tensión. Empieza a habituarse a la sensación de tensión y a la sensación de apaciguamiento y continúa procurándose la autosatisfacción de forma cada vez más voluntaria. El no tiene sentido de culpabilidad, ni ninguna opinión sobre este hecho, no ve ningún mal y en consecuencia el desarrollo de su excitación no es alterado de ninguna manera.

Estos jóvenes están absolutamente sanos hasta que son asustados por sus padres, compañeros, o uno de esos libros pornográficos que caen en sus manos; entonces únicamente se despierta en ellos el pensamiento de que cometían una cosa completamente terrible; entonces empiezan a luchar contra la pulsión o la autosatisfacción. Esto se desarrolla exactamente de la misma forma en el chico como en la chica. O bien tratan de rechazar completamente la pulsión de jugar con sus partes genitales, o bien toleran el onanismo hasta un cierto grado, pero creen generalmente que el orgasmo, que se manifiesta por un ligero oscurecimiento de la consciencia (teniendo en el caso de la chica un aumento de las secreciones vaginales) es particularmente perjudicial.

Este punto de vista es completamente falso; es justamente entonces cuando empiezan a desarrollarse verdaderos disturbios somáticos y psíquicos, disturbios debidos a estasis y a la inhibición del desarrollo normal de la excitación sexual. El sistema nervioso es puesto en movimiento por el bloqueo del desarrollo de la excitación y los síntomas de los que se quejan entonces los adolescentes son la expresión de disturbios somáticos reales. No es por consiguiente el onanismo, pero si su inhibición, el sentimiento de culpabilidad, el miedo y los remordimientos los que causan estos disturbios. Es por eso que es necesario dejar proseguir la masturbación hasta su fin, una vez que ha comenzado con el fin de no alterar la satisfacción. El que sufre del sentido de culpabilidad, consciente o inconscientemente, no se hallará en situación de continuar la masturbación sin interrumpirse a menos que no se dirija a un centro de consulta sexual o que se confíe a su jefe de grupo que puede ayudarle a procurar que su timidez, su pequeño secreto no aumenten sus sentimientos de culpabilidad.

Hemos de citar también otras formas de supresión de la masturbación, es decir: la excitación sin satisfacción final (en los jóvenes por impedimento de la eyaculación); la prolongación de la excitación por interrupciones muy frecuentes o por la parada de la excitación; la tentativa de provocar la erección del miembro flojo en ausencia de excitación sexual; en la chica, la costumbre de masturbarse con objetos angulosos o puntiagudos (la cual cosa pasa muy a menudo); la excitación reciproca entre compañeros del sexo opuesto o del mismo sexo sin esperar el acmé.

Los fantasmas sexuales, conscientes o inconscientes, están siempre ligados al onanismo. Si los fantasmas representan contactos sexuales, abrazos o besos, no hay razón para inquietarse. Pero si fantasmas de golpear o ser golpeado, o de este tipo empiezan a aparecer durante la autosatisfacción, el adolescente debe rápidamente dirigirse a un centro de consulta sexual o confiarse primero a un camarada de más edad si no sale de el mismo comprometerse en la vía de las relaciones sexuales.

La relación sexual no inhibida y sexualmente satisfactoria es generalmente la mejor forma a estos disturbios nacientes de la sexualidad. Esto supone siempre la eliminación de los secretismos en el grupo o la organización. Cada chico o chica debe sentirse a gusto si el (ella) quiere discutir de sus dificultades sexuales con los otros miembros de su grupo.

Muchos jóvenes temen, masturbándose, de perjudicar su sistema genital o volverse impotentes más tarde. Hoya podemos decir ya con toda seguridad que, en la medida que la autosatisfacción se desarrolle sin trastorno y procure plena satisfacción y relajación, no existe peligro ni para presente ni para el futuro. En alguno la masturbación puede ser difícil desde la infancia, porque empieza la actividad sexual en general con sentimientos de culpabilidad y de miedo debido a la educación sexual recibida. Este es el caso más frecuente hoy.

Otro puede tolerar durante todo un año la satisfacción sexual por el onanismo antes de que deje de procurarle un relajamiento completo de la tensión. Un tercero puede sufrir de una falta de satisfacción, muy temprano. En este caso no podemos más que aconsejarle, desde un punto de vista puramente médico, tener sin vacilación relaciones sexuales desde el momento que la masturbación no cumple su función de satisfacción y desde que se encuentra asociada al desagrado, al sentido de la culpabilidad, a la ausencia de placer. Pero este punto de vista puramente médico, lo sabemos nosotros mismos, lo hemos vivido, es difícilmente realizable para la inmensa mayoría de los adolescentes, porque el problema más importante a resolver es la prohibición de las relaciones sexuales en los adolescentes.



Un adolescente, que puede contentarse con la masturbación hasta los diecisiete o dieciocho años, se encuentra en una situación relativamente fácil. Pero un chico o una chica puede alcanzar la madurez física o emocional antes, y en ese caso, no se contentara más con la masturbación y se sentirá fuertemente atraído hacia las relaciones sexuales. Nos encontramos aquí frente a un problema difícil, no solamente para cada caso particular, sino también para el conjunto de jóvenes.

Doctor Wilhelm Reich

Es absurdo fijar un límite de edad para determinar la maduración o la inmadurez, diciendo más o menos esto: “Hasta tu dieciséis aniversario tú no tienes derecho a tener relaciones sexuales, a partir de tus dieciséis años esto te está permitido”. Estos jóvenes sienten mucho más que los otros las desventajas de la masturbación frente a las relaciones sexuales. No solamente el displacer y el disgusto son más grandes después, sino que los peligros asociados a la masturbación insatisfactoria, aumentan. Por ejemplo si el joven no consigue, por razones externas o internas, a tomar la decisión hacia las relaciones sexuales y una vida sexual madura, si la vía de su desarrollo le es bloqueada, puede fácilmente retroceder, es decir volver a fantasmas infantiles y no está más en el estado apropiado correspondiente a su desarrollo. En estos jóvenes notamos una intensificación de pulsiones de diversa naturaleza, como la homosexualidad. La intensificación de la masturbación mutua entre los adolescentes del mismo sexo en los grupos de jóvenes es debida a la prohibición social de las relaciones sexuales y a la separación de los sexos. Se manifiesta entonces por primera vez inclinaciones perversas como: el voyerismo, el exhibicionismo, la pederastia; las tendencias sado-masoquistas de golpear o ser golpeado que normalmente son inhibidas y debilitadas en el momento de la madurez sexual, alcanzan entonces su pleno efecto como consecuencia del estasis sexual consiguiente a la ausencia de satisfacción.

Sin querer ser alarmistas, tenemos la certeza que se puede causar tales disturbios impidiendo el inicio de la vida sexual normal en el adolescente cuando siente esta necesidad presente. No podemos negar los hechos y debemos reunir todas nuestras fuerzas con el fin de cambiar los hábitos socio-sexuales tan perjudiciales para nuestros jóvenes. Debemos intentar con todas nuestras fuerzas persuadir al grupo de los jóvenes que sus conflictos, que sus sentimientos de culpabilidad ligados al onanismo, sus disturbios, sus extravíos sexuales no les son imputables, que no son hereditarios, pero son esencialmente las consecuencias del orden sexual burgués capitalista que comprime el desarrollo natural normal, de la sexualidad.

El onanismo en el momento de la pubertad presenta por otra parte, desde un punto de vista de pura higiene sexual, toda una serie de desventajas en referencia al acto sexual; repliega al joven sobre si mismo en su vida sexual, le facilita la obtención de satisfacción y debilita de esta forma su impulso de buscar una compañera sexual y a desarrollar su cuerpo y su espíritu en esta búsqueda. La segregación sexual junto a la prohibición social de tener relaciones sexuales es la razón por la cual, en nuestros días, el periodo de la masturbación ampliamente sobrepasa el estadio en donde se vuelve nociva, para la mayor parte de los chicos y chicas. Ella facilita los ensueños y la pérdida de interés por los problemas socio-políticos; si no es ciertamente el caso al principio, en cambio cuanto mas remplace la masturbación el acto sexual los jóvenes no vivirán los problemas reales. Siendo dado que la burguesía mantiene y acentúa la segregación de los sexos engendra la masturbación homosexual ya sea en el caso de los chicos como en el caso de las chicas, produciendo así exactamente lo que ella castiga severamente en sus ataques contra la homosexualidad.

Existe en fin otro riesgo ligado a la masturbación en exceso prolongada sin el paso consecutivo a las relaciones sexuales: muchos adolescentes que han pasado el estadio de la masturbación no pueden más tener relaciones sexuales por razones internas o externas (represión sexual, timidez, molestia, falta de dinero, gran pobreza). Hasta si niegan la huida en la homosexualidad, se encuentran en la obligación de reprimir sus pulsiones sexuales (así como sus fantasmas) a la edad de 17, 18 o 19 años, precisamente en el momento culminante de su maduración sexual. Preparan de esta manera el terreno a los desordenes sexuales, a los desordenes de la potencia y a las dificultades de orden emocional ligadas a las relaciones sexuales, que favorecen tan a menudo el desarrollo de perturbaciones psíquicas posteriores.

La inmensa mayoría de los problemas sexuales que encontramos en los centros de consulta sexual (80% de las personas que vienen para consultar son sexualmente perturbadas) son debidos o a alteraciones de la vida sexual infantil, a la represión de la actividad sexual en el momento de la pubertad, o periodos mas o menos largos de continencia consecutiva periodos más o menos largos de onanismo en el momento de la pubertad.

En resumen podemos decir que: el onanismo en el momento de la pubertad es por cierto la mejor solución en las condiciones actuales de la vida sexual de los adolescentes en el capitalismo. Pero sólo lo es durante un cierto tiempo; además, no es válida para todos los adolescentes, pues algunos tienen necesidad de tener relaciones sexuales antes. La mayoría de los adolescentes no pueden satisfacerse de la solución que les procura el onanismo; realmente han sufrido en este punto la represión sexual a la que han estado sujetos durante la infancia que han perdido la capacidad de masturbarse sin sentimientos de culpabilidad. Esta es la razón por la que el onanismo no es, como muchos creen, la solución al problema de los adolescentes.

*Articulo aparecido en Der Sexuel Kampf der Jugend. Verlag fur Sexualpolitik, Berlin, 1932.

1. NDLR: Hay que subrayar que Reich a utilizado sobretodo, a lo largo de este artículo la palabra onanismo (de Onan, personaje bíblico) para cualificar la búsqueda solitaria del placer sexual y no la palabra peyorativa de masturbación ( manus, mano + stupratio, acción de manchar). Nos parece que seria deseable utilizar en el lenguaje corriente la palabra “onanismo” puesto que suena mejor que masturbación, quiere decir la misma cosa, es menos tosco y se presta menos a ideas deformadas y sucias que masturbación puede inspirar.




miércoles, 1 de junio de 2011

WILHELM REICH- LOS PADRES COMO EDUCADORES:LA COMPULSION A EDUCAR Y SUS CAUSAS

Este artículo fué publicado por W.Reich en 1926, siendo Reich primer ayudante del Ambulatorio Psicoanalítico de Viena y director del Seminario de Terapéutica Psicoanalítica.


LOS PADRES COMO EDUCADORES LA COMPULSION A EDUCAR Y SUS CAUSAS
Una señora a quien conozco vino recientemente a pedirme consejo sobre la educación de su hijita, que cuenta en la actualidad dos años y medio; desde hacia algún tiempo la criatura se mostraba rebelde y caprichosa, lloraba desaforadamente por el más insignificante motivo, se sentaba por ejemplo en medio de la calle y ni la severidad ni la persuasión eran bastante para moverla de allí. He de anticipar que la madre en cuestión, que es allegada a círculos psicoanalíticos, está perfectamente orientada sobre el psicoanálisis, manifiesta gran comprensión hacia los hechos por él comprobados y desde el nacimiento de la niña se esfuerza por extraer de sus conocimientos las debidas consecuencias, aunque desde luego no siempre con éxito.

Entre multitud de otros ejemplos he seleccionado este para exponerlo aquí, por cuanto en la educación de esta criatura han concurrido las condiciones óptimas posibles para un desarrollo favorable. Es evidente que el retoño de un borracho y una mujer desgraciada habría de padecer graves daños psíquicos por efecto del medio ambiente, y la moderna literatura pedagógica ha tratado con frecuencia de casos de este tipo. Pero es importante constatar que incluso en las mejores condiciones posibles surgen problemas de educación que tienen su origen en la actitud inconsciente del educador frente el niño, y que por esta razón resultan difíciles de resolver: no siempre el saber se deja traducir sin más en una actuación consecuente. Ante tal situación se comprenderá, pues, que no es posible pretender, de buenas a primeras, enfocar el problema de la educación desde el punto de vista “¿Qué hay que hacer?”-ya de entrada esto supondría una equivocación, pues yo no soy educador sino psiquiatra-; lo indicado será limitarse a la investigación de los presupuestos psicológicos de la educación y al análisis de las deficiencias de la misma, antes de pensar siquiera en una praxis congruente. No en vano la primera regla fundamental del psicoanálisis prescribe que antes de actuar es preciso entender bien.

Con mis modestas contribuciones a la psicología del educador no hago más que seguir las huellas del pedagogo Bernfeld, quien repetidas veces- y más recientemente en su brillante libro Sisyphos order die Grenzen der Erziehung- ha propugnado en primer lugar la “educación del educador”. Por mi parte me adhiero a su opinión sin reservas de ninguna clase, pero he de considerar la cuestión de la educación desde un punto de vista diferente, a saber: no como pedagogo, cuya responsabilidad es de orden social, sino como médico interesado sobre todo en la formación y curación de las neurosis.

Pero volvamos a nuestro asunto: la señora en cuestión ha evitado ya desde un principio las medidas educativas excesivamente severas y reprueba el castigo físico. Por otra parte, no se le ocultan las consecuencias nocivas de una actitud de tolerancia excesiva que peque por el extremo opuesto. “Otras dificultades las he podido resolver bien, como por ejemplo la costumbre de mojar la cama que tuvo la niña el año pasado y que le duró unos meses. En vista de que no se corregía con sermones ni con riñas y como por otra parte estoy convencida de que los cachetes tienen la culpa de que el mojar la cama se haga crónico, probé de no hacer ningún caso. Poco a poco el mojar la cama se acabó del todo. ¡Pero no puedo consentir que la niña se empeñe en quedarse en el parque cada noche!”

La situación resultaba poco clara: ¿era o no la madre culpable de los accesos de rebeldía de la criatura? Tomando como punto de partida la experiencia según la cual, en caso de dificultades persistentes y confusas en el análisis de adultos, la culpa suele tenerla el psicoanalista, y considerando que la relación analizado-analista tiene mucho en común con la relación niño-educador, pedí a la señora que me describiera detalladamente el último acceso de terquedad de la niña y sus causas. Adivinando mi propósito, ella me aseguró no tener conciencia ninguna de culpa. Parece ser que la niña había estado jugando alegremente y que a la hora de marchar había seguido de buena gana a su madre hasta la salida del parque. Pero al llegar a la puerta, probablemente por sentir cansancio, había pedido ser llevada en brazos. Para no malcriar a la niña, la madre se había negado a llevarla, porque “desde la puerta del parque hasta la parada del tranvía hay solo un trecho muy corto”. Cuando la niña empezaba a protestar, la madre consiguió distraerla con una narración. Pero cuando quiso subirla al tranvía, la niña comenzó a chillar- la madre dijo “berrear”-, aunque luego se calmó, volviendo a empezar cuando hubieron de andar otro breve trecho hasta la casa. Al negarse nuevamente la madre a llevarla en brazos, la niña se sentó en el suelo y no quería seguir. Cuando finalmente la madre la tomó en brazos, la niña le arañó la cara y se puso a chillar y patalear. Una vez en su habitación y sola, estuvo una hora llorando a pleno pulmón, no quería que la desnudaran, no comió nada y sólo se durmió cuando ya no pudo tenerse de cansancio. Al día siguiente no mostraba ningún signo de excitación de la víspera.

Durante esta narración, me llamó la atención el hecho de que la madre mencionara, como sin darle importancia, que no había querido llevar en brazos a la niña “para no malcriarla”. Así pues, había querido educarla. Ahí había de estar escondido el fallo, si es que verdaderamente la culpa residía en la madre. Durante la conversación que siguió, la señora agregó como de pasada:”Por otra parte, he de confesar que la niña ya me va pesando demasiado y que no tenia ninguna gana de llevarla en brazos todo el largo trecho hasta la parada del tranvía.”

Por fin, un punto de luz: para la niña el trecho era corto, para la madre era largo. Semejante contradicción no podía dejar de tener su importancia.

“¿Se enfadó usted con la criatura?” “No.”Esto sí que era raro, pues por lo regular un niño renitente provoca irritación. Al expresar mis dudas, la madre se traicionó a sí misma con la siguiente contradicción:”No me enfadé, seguro, porque no le hice nada a la niña ni le enseñe nada, sino que al contrario le hable con toda paciencia.” Le hice notar esta contradicción, así como la discrepancia entre sus dos versiones de la longitud del trecho a recorrer. Al principio estuvo mucho rato sin querer comprender la contradicción, hasta que de pronto recordó que después de bajar del tranvía, cuando la niña empezó a llorar otra vez, había pensado:”Pues ahora no.”

¿Qué motivo podía haber tenido aquella madre, por lo demás tan inteligente, para “reprimir” la irritación que le había causado la niña? ¿Le resultaba acaso penosa la idea de haber sido ella misma caprichosa o insolente? Al preguntarle yo, recordó que al llegar su marido a casa poco después lo había recibido con estas palabras: “Ya no sé que hacer con tu hija.” Parece ser que en los últimos días la relación entre ella y su marido se había visto se había visto ensombrecida por uno de esos malhumores aparentemente inmotivados que suelen aparecer esporádicamente en toda relación duradera entre dos personas, incluso las mejores. La madre había reprimido su irritación contra la niña porque dicha irritación se había mezclado con la aversión, más transcendente, hacia el marido (“tu hija”), y ello le impidió hacer lo único que habría sido acertado, es decir, llevar en brazos a la niña, que realmente estaba cansada, durante el corto trecho.

En este pequeño ejemplo se ve claramente cómo puede originarse la compulsión a educar. Una perturbación aguda de la relación mutua entre los padres da lugar a un momentáneo rechazo del marido y de “su” hijo; esta aversión lleva a su vez a infligir al niño una frustración innecesaria, que la conciencia racionaliza invocando una finalidad educativa; todo ello provoca en el niño una reacción de rebeldía. La analogía entre la “compulsión a educar” y los fenómenos patológicos de compulsión se manifiesta así mismo en la circunstancia de que ambos obedecen a un impulso instintivo de odio reprimido.

La madre me hizo aún dos preguntas más:

1) qué debe hacerse cuando se producen reacciones de este tipo motivadas por frustraciones necesarias, por ejemplo, cuando la niña se niega a abandonar el parque por la noche, y

2) si la reacción descrita de la niña no había sido ya patológica.

Pregunta 1) Para comprender el efecto que las frustraciones causan en el niño, es preciso tomas en consideración las fundamentales discrepancias, descubiertas por Freud, entre el psiquismo infantil y el de los adultos.

El pensar y el obrar del niño obedecen a leyes diferentes que los pensamientos y actos de del adulto. Mientras que para estos es casi exclusivamente determinante el principio de realidad, el niño, precisamente en la edad crítica, se rige sólo por el “principio del placer”. El niño no conoce exhortaciones internas del tipo “eso no se hace, eso no está bien”; en cuanto a las exhortaciones que le vienen de fuera, simplemente no las comprende. Para él tan sólo tiene valor lo que produce placer, y lo que produce displacer es rechazado. Tal es su lógica, una lógica perfectamente fundamentada desde el punto de vista biológico y psicológico. La reacción de displacer, como consecuencia del “principio de placer-displacer”, se produce automáticamente siempre que el afán de placer tropieza con impedimentos. Por supuesto la mayoría de dichos impedimentos serán prohibiciones de los padres y educadores, que representan otras tantas restricciones impuestas al deseo instintivo. La reacción natural del niño es de rechazo; únicamente la forma de rechazo varía según la edad y el temperamento, su esencia permanece constante: es una mezcla de odio y de rebeldía contra quien inflige la “frustración”. Ahora bien, la educación consiste ni más ni menos que en poner diques al deseo primitivo del niño, exclusivamente orientado a la obtención de placer, y en reemplazarlo hasta cierto punto por inhibiciones de los instintos. Freud demostró también que estas inhibiciones, que constituirán ulteriormente el núcleo de la moral, son elementos introducidos desde el mundo exterior, mientras que en el afán de placer nos hallamos en presencia de un fenómeno biológico primario. Es superfluo inquirir si un niño recién nacido, de padres cultos, en el supuesto de ser abandonado en una isla desierta y de que fuera capaz de sustentarse por sí mismo desde un principio, desarrollaría o no inhibiciones de tipo moral. Pero es probable que la respuesta hubiera de ser negativa.

Ahora bien, si la moral es una proposición que pudiéramos llamar “anatural”, ¿cuál es entonces la razón de su inmensa fuerza (en primer lugar como adversario de los instintos sexuales)? También a este respecto ha ofrecido Freud explicaciones obtenidas por vía empírica. La única razón por la cual la moral ha llegado a ser tan poderosa es que toma su fuerza de los propios instintos y no, como se creyó hasta entonces, porque represente a su vez una tendencia innata, como lo es el afán de placer. En la medida en que el niño, por satisfacer a sus padres, asimila como propias las exigencias de la sociedad, su yo se modifica y progresivamente deja de ser puro yo-placer, adaptándose a la realidad. En un principio, esta adaptación responde exclusivamente a la obtención de placer, si bien en una forma moderada, más altruista y con mayor contenido social. Se comprenderá así fácilmente que lo importante no es tanto arraigar en el niño las exigencias culturales como la manera de hacerlo; que las frustraciones sean tales que puedan concertar un compromiso viable con el afán de placer. De ahí se desprende que una educación sin amor nunca podrá conseguir otra cosa que una adaptación artificial, falsa, a la realidad. Las inhibiciones creadas exclusivamente a base de severidad producirán inevitablemente conflictos en la organización del psiquismo e impedirán una unificación de la personalidad, por cuanto siguen siendo siempre cuerpos extraños.

. . . La compulsión a educar no sólo se manifiesta en las frustraciones innecesarias, sino también en la forma como los educadores llevan a cabo las necesarias restricciones de los instintos. Y a este respecto cabe distinguir dos tipos básicos:

1) Las manifestaciones instintivas del niño son severamente ahogadas ya desde un principio. Los padres ven en todo impulso instintivo un fenómeno patológico o un síntoma de perversidad congénita, y lo que consiguen con sus medidas disciplinarias es desarrollar en el niño un carácter inhibido de tipo patológico: sus características distintivas son una parálisis de la vida afectiva en los órdenes sexual y social, una inferior capacidad para la lucha por la existencia y dificultades en el proceso sublimatorio. Como quiera que el instinto tiene antes que desarrollarse para que sea posible sublimarlo, es decir, orientarlo hacia fines culturales, el resultado es que estas frustraciones prematuras son además nocivas desde un punto de vista social.

2) Como consecuencia de una vigilancia negligente o de un excesivo mimo, los instintos del niño alcanzan su pleno desarrollo. Al faltar en la educación temprana las frustraciones necesarias, las exigencias del niño crecen hasta tomar una fuerza dañina. Entonces, cuando ya no hay nada que hacer, es precisamente cuando suelen emplearse con vehemencia los educadores de niños “mimados” o “malcriados”. La creciente “malcrianza” del niño provoca medidas disciplinarias cada vez más severas y brutales: dichas medidas no pueden reportar ya ningún provecho, pero en cambio producen en el niño un grave conflicto, cuyos elementos fundamentales son los instintos ya incontrolables, el odio contra los padres brutales y el amor hacia esos mismos padres. Estas situaciones hallan su expresión más clara en los caracteres psicopáticos impulsivos.

Ni la total inhibición de los instintos ni la frustración tardía, y por ende necesariamente brutal, demuestran por parte de los educadores la menor comprensión del conflicto niño-mundo. La solución óptima- por lo menos en teoría- es una educación que permita a los instintos alcanzar primero cierto grado de desarrollo, para luego- siempre en un ambiente de buenas relaciones con el niño- introducir paulatinamente las frustraciones. Si en los dos primeros años de la vida del niño se han cometido errores de gravedad, más adelante difícilmente será posible corregirlos. Las tareas de la educación comienzan ya con el nacimiento.

No ceder cuando un niño no quiere marchar del parque por la noche, o cuando se niega a tomar regularmente sus comidas, es parte de las frustraciones necesarias. Estas frustraciones necesarias se distinguen de las innecesarias por cuanto por cuánto no sólo sirven a los intereses de la sociedad, sino también a los del propio niño. Si el niño continuara siendo tal como cuando nació, es decir, primitivo, egoísta, sólo preocupado por la obtención de placer, más adelante sucumbiría en la lucha por la vida. El niño tiene que aprender que no está sólo en el mundo, que ha de contar con los demás, pues el autodominio le será necesario más adelante, por su propio bien. Mientras la educación se lleve a cabo en nombre de una moral esotérica, supuestamente objetiva, las frustraciones necesarias, aunque no sean brutales, resultaran ineficaces. ¿Cuáles son las frustraciones necesarias? Solamente aquellas que tienen por objeto controlar y canalizar los instintos del niño que representarían un impedimento para la adaptación a la sociedad. Por ejemplo, la crueldad natural del niño habrá de convertirse, en parte en sentimiento de compasión, en parte en actividad social.

Pero no puede hacerse gran cosa con el concepto de “adaptación social”. Fácilmente podremos comprobar cuán poco claro es este concepto, si consideramos que el rico le da un sentido necesariamente distinto del que pueda darle un pobre, y que los fines educativos varían ampliamente según el lugar, la época o la clase social. Lo decisivo a este respecto es la concepción del mundo y habremos de reconocer que cada cual tiene razón desde su punto de vista egoísta como adulto. No es posible aspirar aquí a un consenso de ideas con respecto al niño. La situación es muy distinta cuando consideramos los problemas de la educación desde el punto de vista médico, es decir, desde la perspectiva de la prevención de las neurosis. Si hemos de atenernos a los resultados obtenidos hasta la fecha por la investigación psicoanalítica, no se deja barruntar ningún medio adecuado para evitar el conflicto neurótico. Dicho conflicto es independiente de la condición económica, clase social, nacionalidad o raza, tiene su origen en circunstancias mucho más primitivas, que atañen a la relación niño –padres (complejo de Edipo), y únicamente su resultado, la neurosis, depende, en cuanto a forma y gravedad, de las vivencias accidentales, en particular del carácter de los padres. En líneas generales puede decirse que la gravedad de una afección psíquica es directamente proporcional al número de frustraciones necesarias e innecesarias, y a la severidad con que fueron infligidas.

Pregunta 2) ¿Fue patológica la reacción de la niña? Planteada la cuestión en esta forma, no es posible darle una respuesta. La reacción de rebeldía fue natural en sí, y lógica en sí. Lo único que pudiera considerarse como “neurótico” sería la intensidad de la reacción. Pero también a este respecto es preciso tener en cuenta que la criatura ha sido provocada, que la terquedad de la madre hizo crecer la de la niña. En este caso particular, fue un conflicto agudo lo que impidió a la madre aportar comprensión a la situación. Pero en general es característico de los padres, como de los educadores en general, enjuiciar al niño partiendo como base de sí mismos, atribuirles la misma comprensión con respecto a la inviabilidad de sus deseos que tiene los adultos. Como tal comprensión no existe, toda manifestación del principio del placer se interpreta como cosa enfermiza o aberrante. Parece ser que ello se debe a que los padres, frente a cualquier manifestación instintiva del niño, “recuerdan” sus propios deseos infantiles reprimidos, y las instancias instintivas del niño representan un peligro para la subsistencia de las represiones propias. Ahora bien, este peligro es obviado a base de prohibiciones educativas que exhiben claramente los rasgos característicos de la compulsión a educar.

Además, desempeña un importante papel la irritación contra el niño. Incluso un neurólogo no iniciado en el psicoanálisis se irrita, por ejemplo, ante una tullida histérica, y la hace tratar con la corriente farádica, según el dice, con fines terapéuticos; pero lo que ocurre es que en el fondo considera a la paciente como una simuladora refinada y la está castigando por ello; no la ha comprendido, no ha logrado “sentirse” en ella, “identificarse” con ella. La madre había tomado a la niña por neurótica, esto es, por “mala”, y se había irritado contra ella; y ello por la misma razón que el neurólogo de vieja escuela: por no estar a la altura de una situación en la que deben actuar. En tales casos existe la tendencia a enojarse con quien le ha colocado a uno en esta incómoda situación de sentir la propia ignorancia o instancias afectivas inconfesadas. Aun cuando la mayoría de los padres no tienen el menor conocimiento de la idiosincrasia del niño, el caso es que deben actuar, o por lo menos creen deber actuar. Y así es como la irritación contra el objeto causante del desconcierto se manifiesta en la forma de infligir las frustraciones necesarias, así como en el número de intervenciones educativas innecesarias.

Además, se considera como enfermizo, es decir, indebido, todo aquello que resulta desagradable o incómodo para el adulto. De este modo, los padres pretextan interés por el bien del niño cuando en realidad lo que pretenden en sus actos educativos es satisfacer sus propios afectos, sea cual fuere el origen de éstos. Por mucho que se quiera a los niños, hay momentos en que, consciente o inconscientemente, se les ve como una carga molesta. Entonces de siente irritación contra el niño y con facilidad se le trata injustamente. Es corriente subestimar el sentido de justicia que el niño desarrolla a partir de cierta edad, según su personalidad. En el psicoanálisis de adultos se aprende que en su infancia, ya muy temprano, aproximadamente desde los dos años, supieron distinguir cuándo se cometía una injusticia con ellos y cuándo las exigencias de los adultos eran justificadas, y ello aunque en ambos casos la reacción del niño ante la frustración fuera la misma. En el primer caso tenían la sensación de estar rebelándose con pleno derecho, en el segundo la protesta era puramente formularia.

Los niños tienen esta sensación de injusticia, por ejemplo, cuando los padres les prohíben hacer algo que ellos mismos hacen en presencia del niño. El argumento usual en tales ocasiones, a saber “Aún eres demasiado pequeño”, simplemente no puede ser comprendido por el niño. ¿Cómo habría de comprender que no puede garabatear con el lápiz sobre el papel cuando el padre, a quien por otra parte se le pone como ejemplo, lo hace así? Por una parte el niño tiene que ser “bueno”, es decir, adulto, tranquilo, modesto, obediente; por otra parte, siempre que quiere apropiarse también otros derechos de los adultos, le toca oír la eterna cantinela de que “es demasiado pequeño”. Este argumento está motivado por dos actitudes análogas de los padres: quieren realizar en el niño sus propias aspiraciones, y por lo tanto hacerlo crecer cuanto antes, pero al mismo tiempo exigen que no sean afectados sus propios derechos.

La ambición insatisfecha de los padres constituye uno de los motivos esenciales de la compulsión de educar. Para convencerse de ello basta con observar el comportamiento de una niñera cualquiera con su rorro en el parque, o la conducta de una madre en la consulta del médico. No es posible sustraerse a la impresión de que el educador se cree obligado a hacer algo, a educar, aunque no haya nada que educar, y que siente como una ofensa personal, como un mal testimonio de su arte educativo, cuando su víctima no se comporta de una manera “adulta”. “Siéntate derecho”, “no seas tan maleducado delante del doctor”, “estate quieto”, “mira al doctor”, “di buenos días”, “quítate de ahí”, “ven aquí”, “estírate el vestido”, “no te ensucies las manos”, y así sucesivamente, sin pausa ni respiro. Ningún adulto, sometido a semejante bombardeo educativo, sería capaz de afectar la estoica indiferencia que muestran muchos niños- ya neuróticos, por lo demás. No hay que asombrarse de que los niños sanos reaccionen violentamente ante este tipo de tratamiento.


En su Psicologia del lactante (Psichologie des Säuglings) Bernfield ha razonado convincentemente la tesis de que los motivos de los cuidados del bebé son impulsos de odio contra el recién nacido. Por muy absurdo que ello pudiera parecer, resulta perfectamente plausible si consideramos que entre las restantes medidas educativas son contadas las que no llevan el sello del odio, de la violencia. Valdría la pena hacer un ensayo sobre esta cuestión, para demostrar que la inmensa mayoría de las intervenciones educativas son del tipo de las frustraciones innecesarias y que la sensación que el niño tiene de ser injustamente tratado no carece de base real. También está por hacerse un análisis de la educación considerada como equivalente neurótico de los adultos. Todos los conflictos conocidos, tales como ambición frustrada, insatisfacción sexual, discusiones matrimoniales, en una palabra, todo lo que pertenece al inventario de una neurosis, repercute en la educación del niño. Particularmente importante es la circunstancia de que aquí se trata primariamente de odio, que en toda neurosis, como en toda situación conflictiva, alcanza niveles exagerados. En tal situación resulta bastante indiferente que el odio se manifieste como acto brutal de un borracho o como extrema solicitud de una madre neurótica. En ambos casos el niño se verá abrumado con frustraciones innecesarias.

Para aclarar lo dicho consideramos algunos ejemplos tomados de la práctica psicoanalítica, donde se aprende a comprender analíticamente no sólo a los enfermos, sino también a su medio ambiente. A cierta paciente no se le había permitido nunca jugar con otros niños, porque su madre, que según todos los indicios debía ser una mujer insatisfecha con neurosis obsesiva y fobia a la sífilis, temía que la niña pudiera contagiarse. En tales casos de exagerada solicitud no falta nunca la motivación contraria: el odio y el deseo de muerte. En este caso particular ello era especialmente evidente, por cuanto la niña solía ponerse de parte del padre, que vivía en desastrosas relaciones conyugales con la madre. La madre había renegado a gritos repetidas veces por tener que estar sujeta al marido y a la hija. El padre de otra paciente la había obligado siempre a comer cuando sufría la inapetencia neurótica corriente en los niños: la forzaba a comerse incluso sus propios vómitos, y si se negaba, la encerraba en un cuarto oscuro y la azotaba con una palmeta. También en este caso se trataba de un matrimonio sórdido y lleno de odio: la madre era una mujer débil y resignada, el padre un carácter decididamente sádico. Otro paciente había sido obligado por su padre, pese a su escasa aptitud, a estudiar la carrera de Derecho; había de llegar a ser “doctor”, pues su padre no pudo alcanzar ese título.
Durante el análisis de la paciente que de pequeña había sido tan bárbaramente obligada por su padre a respetar el “orden de las comidas”, aprendí algo sobre los motivos que pueden inducir a una persona a convertirse en educador. La paciente en cuestión deseaba reparar en otros niños el daño que le habían causado a ella. Pero sus tendencias inconscientes de venganza contra su padre interferían de tal manera en la realización de su propósito consciente, que de hecho se comportaba hacia sus pupilos con verdadero sadismo. Se había identificado inconscientemente con su padre brutal. El deseo de corregir la propia infancia es probablemente uno de los motivos más típicos de la voluntad de educar. Pero para la mente primitiva, inconsciente, corregir la propia niñez no puede significar otra cosa que vengarse, de manera que la voluntad educativa comporta en sí una compulsión sádica a educar, fundamentada en el inconsciente.

En otros casos encontraremos como motivación de la compulsión a educar un “deseo de tener niños” frustrado en edad infantil muy temprana. Las mujeres de este tipo son, relativamente, mejores educadoras, porque adoptan al niño ajeno en sustitución del propio que no tienen, Pero con frecuencia se observa que el deseo de ser educador desaparece al realizarse efectivamente el “deseo de tener niños”.

Así pues, vemos que las motivaciones conscientes no son otra cosa que racionalizaciones secundarias. De ahí se sigue la dificultad extrema de aprehender los problemas de la educación. No existe otro medio que el psicoanálisis individual, esto es, convencer a los educadores del verdadero significado de su actuación. ¿Cómo, si no, sería posible convencer a aquella madre que excluyó a su hija de la comunidad, o al padre ambicioso que violentó psíquicamente a su hijo, escasamente dotado para los estudios, de que su comportamiento está motivado por el odio y el egoísmo? Ya para protegerse contra sí mismos necesitan persuadirse de que solamente pensaban en “el bien del niño”. Se objetará que estos eran casos excepcionales. Sin embargo, el ejemplo citado al principio de las presentes líneas debiera darnos que pensar. Una mujer psicoanalizada, feliz en su matrimonio, inteligente y comprensiva, comete por motivos inconscientes un burdo error de educación. El error en cuestión, comparado con lo que puede observarse corrientemente en la práctica educativa, apenas si merece mención, y sin embargo había acarreado ya graves consecuencias. Tan sólo el pronto reconocimiento y corrección del error pudo impedir que se fijara la rebeldía.

¿Y quién es tan optimista como para suponer que la gran mayoría de los educadores aplicará una medida semejante de comprensión y de recelo consciente? Ello equivaldría a suponer que las neurosis de los adultos, junto con sus equivalencias tales como la miseria social y los matrimonios desgraciados, dejarán algún día de existir. Y sin embargo, la cuestión de la educación es inseparable de la ordenación social y de las neurosis.
No se me oculta que este pesimismo resulta poco indicado para la solución del actual problema:” ¿Cómo hay que educar a los hijos?” Ahora bien, ¿hay alguna otra actitud que resulte más indicada? La escuela de Alfred Adler es optimista con respecto a todas las cuestiones educativas y cree haber hallado el remedio de todos los males con su fórmula de aliento, es decir, de evitación del desaliento. Pero, ¿puede esto modificar verdaderamente la situación? ¿De qué sirven todos los alientos cuando la madre, bajo la influencia de su propio miedo al onanismo, se horroriza apenas ve al niño masturbándose y hace precisamente lo más contraproducente, a saber, infundir miedo también al niño? Si un adulto está dominado por su propio miedo infantil al onanismo, ninguna explicación médica podrá convencerle de que en determinada edad la masturbación es un fenómeno normal. Simplemente, no lo creerá. ¿Y qué aconsejar a una madre, cuando uno mismo no sabe muy bien cómo combatir el onanismo infantil, ni siquiera si verdaderamente conviene hacerlo? No, ciertamente no es fácil aconsejar, porque el desarrollo psíquico es inmensamente complicado; porque, por ejemplo, la tolerancia del onanismo tanto puede tener consecuencias buenas como malas. Así pues, el optimismo de nada sirve; lo único que hace es tranquilizar la conciencia de los adultos, y es síntoma de la compulsión a educar. Incluso parece que a largo plazo será más fructífero un legítimo pesimismo, por cuanto obliga al auto-control y lleva al positivo planteamiento de cuestiones, mientras que el optimismo se limita a disminuir la gravedad de las dificultades.

Una de estas dificultades consiste en que la educación, para tener algún sentido, ha de ser una tarea masiva. El efecto sobre la sociedad será mínimo si en una ciudad de millones de habitantes se educan correctamente cinco o cincuenta niños. El óptimo deseable, es decir, un enfoque objetivo, libre de afectos, de los objetos de la educación, solamente podría lograrse actualmente mediante el psicoanálisis del educador y, por consiguiente, es impensable con respecto a la masa. Por el momento no pasa de ser un proyecto utópico la idea de que algunos educadores plenamente conscientes de sí mismos podrían infundir la comprensión necesaria a la masa de los educadores. Cuando padres y educadores sepan por qué y para qué educan en realidad, cuando las autoridades competentes dejen de creer que su actuación se guía únicamente por el “bien de la humanidad”, cuando la masa comprenda que la relación entre niños y adultos representa la oposición entre mundos distintos, entonces -tal vez- existirá una posibilidad de pensar en medidas positivas de educación.

¿Y hasta ese momento? La inoperancia de todas las medidas educativas actuales, el hecho de que hágase lo que se haga siempre se hace mal, permite deducir- aparte de la necesidad de reconocer y comprender los errores educativos- tan sólo una norma negativa: extrema abstinencia en la educación, restricción de las medidas educativas a las frustraciones absolutamente indispensables, conciencia del hecho de que, por motivos perfectamente naturales, un padre no sólo ama a su hijo, sino que también lo odia. ¿Y los peligros del laissez-faire? En todo caso no serán mayores que los peligros implicados por la compulsión a educar. Debemos pensar que la primitiva fuerza vital que la compulsión a educar pretende domeñar ha sido capaz de crear cultura. Es lícito otorgarle un amplio margen de confianza. ¿Será excesivamente aventurado declarar que la vida sabe crear mejor que nadie sus necesarias formas de existencia?