Ansiedad: ¿Maldición o bendición?
Charles Konia, M.D.
Journal of Orgonomy, Vol. 28, No. 1 (1994)
Continúa de la parte 1/2.
En la terapia orgonómica la coraza se disuelve deliberadamente y esto conduce inevitablemente a la aparición de la ansiedad, ya que la función misma de la coraza es impedir que el organismo experimente tales sentimientos dolorosos. El médico orgonomista anima al individuo a experimentar y tolerar la ansiedad para que las emociones subyacentes y contenidas puedan ser sentidas y, posteriormente, expresadas. Esto genera el efecto terapéutico positivo deseado: la desaparición de la ansiedad y su substitución por una sensación de bienestar.
En la etapa final de la terapia, la ansiedad alcanza proporciones extremas: la ansiedad orgástica. Superar con éxito este último intento de evitar sentimientos intensos conduce a la curación clínica. Se produce la eliminación completa de todos los síntomas anteriores.
Solo la orgonomía ofrece una comprensión de la ansiedad basada en la experimentación objetiva. Asimismo, es únicamente la orgonomía —una terapia que raramente precisa recurrir a la medicación— la que aborda la ansiedad desde una perspectiva amplia del organismo en su totalidad. La psiquiatría tradicional sigue ignorando por completo la explicación de Reich sobre la etiología y el tratamiento de la ansiedad. Debido al desconocimiento de la base energética de la ansiedad, existe la proliferación de numerosas teorías: desde el psicoanálisis, que atribuyen el trastorno a causas puramente psíquicas derivadas de recuerdos reprimidos, hasta la psiquiatría de orientación bioquímica, dónde se sostiene —sin pruebas concluyentes— que la afección deriva de un trastorno físico del cerebro.
La psiquiatría de enfoque mecanicista considera que la ansiedad es una enfermedad en sí misma y, de esta forma, no es capaz de ver que es solo la manifestación de un trastorno emocional más profundo con consecuencias neurofisiológicas. Etiqueta la afección como un «desequilibrio químico», dando así la impresión de comprender plenamente la causa del problema. De ello se deduce lógicamente que el único tratamiento —o el componente principal del mismo— consiste en suprimir la emoción perturbadora mediante medicación.
Sin embargo, el uso de medicación para tratar la ansiedad solo reduce temporalmente la energía biológica del organismo, pero no elimina la coraza, lugar donde se retienen las emociones reprimidas. En consecuencia, los pacientes tratados con medicación ansiolítica deben seguir tomando la medicación indefinidamente o hasta que puedan espontáneamente acorazarse de nuevo. En el mejor de los casos, el nivel máximo de funcionamiento que puede alcanzarse es el premórbido.
La orgonomía no tiene nada que objetar a esta forma de terapia, siempre que se base en un buen criterio clínico. Esto incluye la capacidad de distinguir entre aquellos individuos para quienes el tratamiento más adecuado es la medicación y aquellos que son biofísicamente capaces de tolerar la ansiedad inherente a la disolución terapéutica de la coraza.
En resumen, es necesario hacer llegar la terapia orgonómica a la comunidad psiquiátrica tradicional, ya que se trata de un tratamiento capaz de eliminar la base biofísica de los trastornos de ansiedad y, al mismo tiempo, lograr un nivel de funcionamiento significativamente superior al estado premórbido.


