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jueves, 21 de septiembre de 2017

PSICOANÁLISIS Y BUDISMO ZEN ( II )


En la entrada de hoy, compartimos el artículo publicado por el Dr. Carles Frigola en el nº 47 de la revista GiroSalut & BarnaSalut bajo el título: Psicoanálisis y Budismo Zen. Este artículo es la continuación del publicado en el blog el dia 12 de septiembre.









PSICOANÁLISIS Y BUDISMO ZEN ( II )


Dr. Carles Frigola


Según el psicoanálisis existirían dos estados de la mente: la parte infantil de la personalidad, en la cual la persona aún no se ha podido independizar y emancipar de los objetos emocionales heredados de los padres y vividos en la infancia y la parte adulta de la personalidad en la cual el individuo ya ha construido sus propios objetos mentales para sí mismo y para los demás y que serán definitivos para toda su vida.

Estos dos estados no dependen de la edad del sujeto. Los psicoanalistas los llamamos la posición esquizoparanoide (E.P.) i la posición depresiva (P.D.). Para pasar del primer estado de la mente (E.P) al estado mental adulto de la P.D. se necesita la presencia de un psicoanalista muy experimentado y que él mismo haya atravesado el lindar de la posición depresiva. Este paso requiere de muchísimos años de terapia. Y aún así, el resultado final es incierto. Esto podría aplicarse también al budismo Zen y a la relación entre el discípulo y el maestro.

El Zen tiene 4 posiciones. 1) Conducir al discípulo hacia la iluminación (emancipación o satori); 2) Vivir un cierto aprendizaje budista. 3) Aprender a expresar el ingenio y el sentido de humor del Zen y 4) Poner a prueba la autenticidad de la comprensión y la realización personal del discípulo. Estas cuatro posiciones se podrían aplicar también  al psicoanálisis.

En la posición E.P. la mente se confunde con los objetos y se aferra a ellos. Este aferramiento hasta cierto punto enriquece el yo del sujeto, ya que en esta etapa, cuando más objetos experimenta el yo mejor. Entonces esta diversidad y pluralidad de objetos –aunque confundidos unos con otros-  lo enriquece. A este estado mental los budistas lo llaman ignorancia o ilusión.

En la posición depresiva, al yo ya no le interesan  mas objetos para enriquecerse de más experiencias, algunas de las cuales son ya repeticiones de anteriores experiencias – lo que Freud llama la compulsión de la repetición – sino que el mismo yo  es una experiencia en sí mismo y sin tener necesidad de  mas objetos en la mente. Es lo que los budistas llaman atención plena. Sin engancharse a ningún objeto: meditando y el yo consciente siempre de la propia respiración.

El siguiente paso en la evolución del Zen o del proceso psicoanalítico que hay que hacer es aprender a separarse de los objetos físicos, emocionales y mentales. El paciente lleva al análisis estos objetos, el psicoanalista los contiene y los interpreta. De esta manera tan simple, el paciente se da cuenta que lo que el considera objetos no son más que identificaciones proyectivas. Es decir, aspectos internos de sí mismo (deseos, miedos, anhelos, etc.) que son proyectados al mundo exterior. El yo  (el Ego) está en el centro de cualquier situación donde acostumbramos a tropezar o a adherirnos una y otra vez.

Por esta razón, el Ego aún no se conoce plenamente a sí mismo y por este motivo, piensa que serán los objetos los que le darán la respuesta. ¿Tiene la vida algún sentido? nos preguntamos una y otra vez. Pero cuando el Ego (el yo) deja de almacenar estos objetos, entonces, de pronto, aparece el self (el sí mismo) que es como la experiencia de haber llegado a un santuario situado en la cima de la montaña de nuestra mente. El “verdadero hombre sin título” del maestro Zen Rinzai no es otro que el self. Un lugar en la mente en donde el yo es al mismo tiempo un no - yo.

El vacío externo de objetos curiosamente va llenando el self, preludio de la riqueza interior. En una ocasión compuse un haiku para expresar este estado mental. Había quedado con una amiga a la que no veía desde hacia más de dos años y a la que invité a un festival de circo. Me dijo que le encantaría encontrarse de nuevo conmigo después de este tiempo sin coincidir.

 Tuvimos la ocasión de hablar y de disfrutar del espectáculo. Todo parecía normal entre nosotros. Pero intuí que aún nuestro Ego estaba ocupado con objetos emocionales externos del pasado. Para poder comunicarnos de nuevo teníamos que crear en primer lugar un espacio inter-subjetivo entre los dos fuera del Ego. Necesitábamos crear un self para poder dialogar con otro self. Este es el haiku que escribí y que le envié a mi amiga por whatsapp.


El circo nos reunió,
Tú allí y yo allá.
No hay camino para caminar


En este haiku expresaba esta situación inter-subjetiva. Aún existían Egos (el mio y el suyo) que se  enganchaban y se confundían con el objeto emocional del pasado.
En una ocasión escribí otro haiku paseando por Creixell, al ver un pato herido por un tejón. Este pato murió al día siguiente.


Un pato herido
dentro de un estanque reposa,
Una hoja cae.


Aún aquí  mis sentimientos se expresaban con demasiada claridad.  Todavía había objetos emocionales a los que podía aferrarme y no quedaba espacio en mi interior  para lo desconocido. Y es en lo desconocido donde se encuentra el Zen.

Basho, (1644-1694) el poeta japonés escribió:


El viejo estanque, Ah!
Salta una rana:
El sonido del agua.


En este haiku queda reflejado el sentido del Zen de la soledad (las soledades de Machado). Ya no queda nada más para describir. Todo está vacío de Ego. Es en la mismidad de los objetos donde está el Zen. A partir de esta mismidad se puede comenzar un diálogo auténtico con uno mismo, con los otros y con el mundo, ya fuera del Ego y de las identificaciones proyectivas.


Esta mismidad es la que siente el paciente en el psicoanálisis cuando se instala plenamente en la posición depresiva. Aunque el nombre de esta posición podría parecer negativo, esta posición de la mente es sorprendentemente la vacuna para todas las posibles depresiones. Es un sentimiento de tristeza parecido al viento de tramontana del otoño que barre todas las hojas y que nos dice que el verano ha terminado para nosotros. Pero, curiosamente, este mismo viento será el que nos preparara y estimulará para el riguroso invierno (de la mente) que nos llegará.


( Traducción Dr. Carles Frigola)


El Dr.Carlos Frigola es psiquiatra, psicoanalista. Premio Pascual y Prats del Colegio de Médicos y de la Agrupación de Ciencias Médicas de Gerona. Dip. Tavistok Clínic y Institute of Human Relations. Londres.
Director de la Fundación Wilhelm Reich. Miembro del American College of Orgonomy. Autor de diversos libros. Trabaja en la Clínica de Medicina Orgonómica de Creixell. Borrassá. Tel. 972 50 62 91. www.wilhelm-reich.org y en el blog: compartir-wilhelmreich.blogspot.com







martes, 12 de septiembre de 2017

PSICOANÁLISIS Y BUDISMO ZEN ( I )

Ya estamos a mediados de septiembre , vamos dejando atrás el verano y empezamos a mirar hacia la nueva estación del otoño. Con esta mirada iniciaremos un nuevo curso dedicado a la Orgonomía y también daremos continuidad a  los encuentros en el Café Terapéutico.
Os iremos informando.

En la entrada de hoy, compartimos el artículo publicado por el Dr. Carles Frigola en el nº1 de la revista BarnaSalut/ GiroSalut bajo el título: Psicoanálisis y Budismo Zen.

Os damos la bienvenida, de nuevo, al blog.





PSICOANÁLISIS 

Y

BUDISMO ZEN


Dr. Carles Frigola

Para aquellos lectores que quieran conocer la relación que existe entre el psicoanálisis y el budismo Zen les recomendaría que leyeran el libro de D.T. Suzuki y E. Fromm Budismo Zen y Psicoanálisis. Para los que quieran profundizar un poco más sobre el Zen, les diría que leyeran, a lo largo de mucho tiempo y mucho espacio mental por medio el libro en dos volúmenes D.T. Suzuki Ensayos sobre el Budismo Zen.

Si el lector me preguntara que relación existe entre el Budismo Zen y el psicoanálisis, diría que no existe ninguna relación, que hay una diferencia insalvable. Por otra parte, también diría que se parecen tanto el uno al otro y comparten el mismo espíritu  como dos gotas de agua que gotean de una fuente. El psicoanálisis es un método científico para hacer consciente el inconsciente. El Zen es una técnica para conseguir la iluminación o el satori

Para que haya una experiencia Zen se necesitan cuatro componentes:

1)      Un material intelectual preliminar necesario en el alumno para la maduración de la conciencia Zen. Este material puede incluir libros sobre el Zen o asistiendo a conferencias sobre el Zen o investigando el material histórico sobre las diversas ramas del budismo, etc.

2)     Un fuerte deseo de auto-trascendéncia: una vocación y un autentico deseo de ir más allá de todas las normas y limitaciones que nos son impuestas como seres humanos individuales.

3)     La necesidad de encontrar un guía y la búsqueda consiguiente de un maestro Zen que será quien nos abrirá camino y nos iluminará en la noche oscura del alma.

4)     Una experiencia conmovedora; una conmoción final: la llegada a una región desconocida de la mente humana que conduce al satori.

Si hubiera que resumir de una manera naturalista estos cuatro pasos necesarios diría que son como el hombre sediento que atraviesa el solo el desierto.  No le sirven ni los pensamientos abstractos de “pensar en el agua” o que haya meditado horas y horas sobre los beneficios del agua. O que haya leído todos los libros sobre las propiedades físicas del agua. Ni tan solo la simple visión de un oasis o de una fuente. Sólo la ingesta real del agua es la que brindará la satisfacción completa al hombre sediento y la que lo salvará de la muerte en el desierto.

En términos metafísicos, sólo la búsqueda y el encuentro del algo que dará paz y armonía a la mente para siempre. La experiencia Zen es como lanzarse al precipicio o dar un salto al vacío de la mano guía del maestro. Como el Zen es también una experiéncia personal, me referiré a ella en primera persona. Durante mi estancia en Londres donde me formé como psicoanalista,  allá por los años 1970, me interese por el Chanoyu que es la ceremonia del te, incluida dentro de las artes del Japón y que está en comunión con las actitudes positivas hacia la naturaleza. Los maestros Zen van vestidos con un kimono negro y son los celebrantes del arte milenario de la ceremonia del te.

Yo estaba interesado en conocer de primera mano y sentir en mi propia piel la ceremonia del té. En una ocasión le pregunté al maestro Zen:” ¿Dónde reside la naturaleza del Buda?” El maestro estaba acabando la primera parte de la ceremonia y permaneció en silencio. Pasado un rato me hizo entrega de una taza de té (Kinindai) con sus manos extendidas, deslizándolas encima de un papel Kaisbi, casi lamiéndolo, casi sin rozarlo y me dijo sonriendo:” Te lo diré cuando hayas bebido de un sorbo, el agua del océano”. Hice un acto ceremonial con la cabeza y con las manos juntas agradeciéndole la respuesta.

Al terminar la práctica Chanoyu discurrí interiormente: la respuesta que me planteó no tiene solución posible. No obstante, sabía que mi maestro Zen me había dado toda la información necesaria para que consiguiera por mi mismo darle, con mucho tiempo por delante, la respuesta correcta y adecuada. Pasaron muchos años pensando en la pregunta-respuesta. Un tiempo suficientemente largo durante el cual completé mi formación con mis profesores y maestros en los diferentes institutos psicoanáliticos de la capital del Támesis.

Al cabo de algunos años y en una ocasión de mi regreso a Londres, tuve el deseo y la oportunidad de asistir a una  ceremonia del té y de encontrarme de nuevo con mi antiguo maestro Zen. Este me invitó a una ceremonia del té, asistiendo a todos los preparativos que una ceremonia como esta requiere. En el momento en el que iba a entregar con sus manos la taza del té para volver al cabo de un instante preciso a su mesita de cedro (Hanadai) para entregar las restantes tazas de té a los invitados, me preguntó sonrriendo: “ ¿ Dónde reside la naturaleza del Buda?” Baje la cabeza con humildad y agradecimineto, bebí tranquilamente el té que me había sido entregado en mi taza (Usucha) y le sonreí. El maestro me miró y volvió a sonreírme; así supe que él sabia que yo ya conocía la verdadera  respuesta a su pregunta. Una respuesta tan simple que no valia la pena gastar saliva para pronunciarla. Sólo bebiendo el té. Esto es el Zen.

( Traducción Dr. Carles Frigola)


( Continúa...)


El Dr.Carlos Frigola es psiquiatra, psicoanalista. Premio Pascual y Prats del Colegio de Médicos y de la Agrupación de Ciencias Médicas de Gerona. Dip. Tavistok Clínic y Institute of Human Relations. Londres.
Director de la Fundación Wilhelm Reich. Miembro del American College of Orgonomy. Autor de diversos libros. Trabaja en la Clínica de Medicina Orgonómica de Creixell. Borrassá. Tel. 972 50 62 91. www.wilhelm-reich.org y en el blog: compartir-wilhelmreich.blogspot.com




domingo, 9 de abril de 2017

EL PSICOANÁLISIS-Teoría y fundamentos de la técnica IV

En anteriores entradas en el blog hemos tratado sobre   las etapas del proceso psicoanalítico; el paciente  había pasado por la primavera , el verano y el otoño de la mente

En el siguiente articulo publicado por el Dr. Carles Frigola en el nº45 de la revista bimensual GiroSalut llegamos a la última etapa del proceso psicoanalítico: el invierno de la mente.







EL PSICOANÁLISIS

Teoría y fundamentos de la técnica IV

Dr. Carles Frigola



La última etapa del proceso psicoanalítico podríamos llamarla el invierno de la mente. Diversos autores se han referido a ella con otros nombres (la etapa genital de W.Reich, la individualización de Jung, la posición depresiva de M. Klein o el estado adulto de la mente según el modelo Tavistock). El final de la terapia es el momento más difícil y peligroso que hay que atravesar, ya que la totalidad del organismo  del paciente ( la mente y el cuerpo ) va a funcionar sin bloqueos por primera vez en la vida. Las ansiedades que aparezcan ahora en el proceso psicoanalítico son entre otras una sensación de romperse a trozos; desorientación, un sentimiento de vacío, soledad, colapso; miedo a morirse, un terror a perder el control mental y emocional y volverse loco, etc. 

El problema final es la re-estructuración de la salud física y mental del paciente. El analista deberá estar disponible en todo momento para poder acompañar a su paciente en esta larga y difícil etapa que es semejante a la conquista de la cumbre de una montaña de ocho mil metros.

Esta última etapa es al mismo tiempo dolorosa y hermosa. Los problemas de celos, exclusión, voracidad, agresividad malsana y desconfianza dan lugar al reconocimiento del trabajo del analista y es cuando aparecen los sentimientos de duelo, gratitud y perdón al objeto de amor.

Cuando se insiste en hablar de dependencia del analista debemos aclarar ahora su significado. La palabra dependencia ha entrado de tal modo en el lenguaje común que debemos recuperar su sentido psicoanalítico. Dependencia equivale a dependencia de la fuerza de los objetos internos del paciente y no de los objetos externos y por lo tanto sin sojuzgamiento ni sumisión. Dependencia en el sentido psicoanalítico implica el creciente reconocimiento de las capacidades creativas y reparadoras que no solo se apoyan en la fuerza del yo del paciente, sino que son el resultado del sostén y la inspiración que emana de la fortaleza de los objetos internos del paciente que ha construido durante el proceso psicoanalítico con la ayuda del analista y que despiertan gratitud y esperanza. Las capacidades  adultas y la seguridad en la vida real se adquieren por identificación e introyección de los objetos internos conquistados y no de los objetos externos o de los objetos infantiles heredados de los padres.

Es como el alpinista que llega a la cumbre. Y aunque ha tenido la ayuda externa en todo el proceso de la escalada en los diferentes campamentos base, el solo deberá conquistar por sí mismo la cumbre. Nadie más podrá vivir esta experiencia para él. La conquista dependerá solo de sí mismo. Esta dependencia introyectiva de los objetos internos conquistados durante el psicoanálisis abre el camino interminable hacia los procesos integrativos y a la maduración de la personalidad ya para toda la vida. Como Luke Skywolker la fuerza le acompañará siempre.

He tratado de relatar la sucesiva progresión del proceso psicoanalítico, incluyendo el estadio final de la ansiedad genital y la alternancia continua de las resistencias que han marcado el curso entero de la terapia. Este progreso requiere de muchísimos años de ardua labor analítica sobre la estructura caracterológica del paciente.

Voy a describir algunos de los sentimientos que el paciente deberá atravesar en esta etapa final de escalada hacia sí mismo y hacia los objetos internos conquistados. El paciente deberá someter a su narcisismo infantil a la prueba de la realidad final. Puestos en orden de gravedad creciente, podríamos decir que el paciente se sentirá : perturbado, sensible, concienzudo, sensitivo, vulnerable, desconcertado, incómodo, ignominioso, inadecuado, desfigurado, postergado, degradado, avergonzado, abandonado, difamado, desacreditado, deshonrado y humillado. Todos estos sentimientos y emociones que deberá vivir en esta última etapa van asociados a fantasías de ser visto con menosprecio y a menudo ridiculizado y empequeñecido.

El paciente deberá experimentar y re-vivir, acompañado de su analista, algunas de estas emociones  que con seguridad vivió y experimentó en su más tierna infancia. Todos estos sentimientos surgen cuando se desmonta definitivamente la armadura caracterológica y el paciente se atreve a salir del repliegue psíquico y de su narcisismo en el que estaba instalado.

Podríamos afirmar con seguridad que si ha revivido estas sensaciones y emociones ( ahora conscientemente ) y han podido ser aliviadas inmediatamente por el análisis y por el analista, el paciente ha llegado a la cumbre de la montaña de la personalidad auto-realizada y a la sabiduría. El paciente ha adquirido una buena y suficiente experiencia analítica, comprensión, compasión y capacidad de comunicarla en vez de instalarse plenamente en ella y guardársela para sí, ya que es saludable sentir la prevalencia de la tentación de considerar que uno mismo ha llegado por sí solo a la cumbre de la auto-realización personal sin la ayuda de un analista o de un maestro.

En resumen, los sentimientos que prevalecerán en el paciente para siempre serán: hacia el pasado gratitud, hacia el presente servicio a los demás y hacia el futuro responsabilidad.


El Dr.Carlos Frigola es psiquiatra, psicoanalista. Premio Pascual y Prats del Colegio de Médicos y de la Agrupación de Ciencias Médicas de Gerona. Dip. Tavistok Clínic y Institute of Human Relations. Londres.
Director de la Fundación Wilhelm Reich. Miembro del American College of Orgonomy. Autor de diversos libros. Trabaja en la Clínica de Medicina Orgonómica de Creixell. Borrassá. Tel. 972 50 62 91.








lunes, 16 de enero de 2017

EL PSICOANÁLISIS-Teoría y fundamentos de la técnica III

Hemos iniciado un nuevo año, que deseamos os traiga  experiencias nuevas y enriquecedoras. Por nuestra parte queremos aportar nuestro granito de arena y continuamos las publicaciones en el blog, que esperamos sean de vuestro interés.

Las últimas entradas en el blog trataban sobre las etapas del proceso psicoanalítico; habíamos dejado al paciente en el verano de la mente. 

En el siguiente articulo publicado por el Dr. Carles Frigola en el nº44 de la revista bimensual GiroSalut nos habla sobre el otoño de la mente.








EL PSICOANÁLISIS 

Teoría y fundamentos de la técnica

Dr. Carles Frigola

En los anteriores números de Girosalut hablamos de las etapas por las cuales transcurre todo el psicoanálisis. Dejamos al paciente en la 2ª etapa (el verano de la mente) en donde ya había conseguido la unión en su mundo interno de las funciones maternas y paternas. Unión entre lo masculino y lo femenino de la mente en donde se asentará el reconocimiento de la realidad psíquica de uno mismo, de los otros y de la capacidad simbólica. El interés por los objetos internos o externos no es tanto por los beneficios que se obtienen de su uso (emocional, económico, sexual, etc.), sino por lo que representan simbólicamente. Importa más su cuidado que su uso. En este momento empieza el auto-análisis verdadero, que es diferente de las pretensiones de sabiduría y omnipotencia de la etapa anterior (la primavera de la mente).

Esta 3ª etapa podríamos llamarla ansiedad pre-orgástica. Pasa que las sensaciones de placer corporales expansivas de libertad que experimenta el paciente por primera vez en su vida van llegando al segmento pélvico. El paciente no tolera la onda expansiva que tiene lugar inevitablemente en el proceso terapéutico.

Aparece entonces una nueva contracción en el organismo del paciente y la reaparición de los síntomas tempranos infantiles que eran los que le causaban tanta ansiedad y por los que buscó y pidió ayuda terapéutica. El paciente se queja  de que ahora se siente peor que nunca, que la terapia no ha conseguido nada y que nada tiene sentido. Es como el juego de la oca, en donde el paciente vuelve a la casilla de salida. Protesta porque no quiere abandonar la parte infantil de la personalidad. No quiere dejar de ser niño o niña. En este momento aparece en la mente un objeto emocional que es totalmente bueno junto a otro que es totalmente malo. Todo el mundo emocional propio y el de los demás se ve en blanco y negro.

Esta ansiedad pre-orgástica ocurre, de manera espontánea, a las mujeres después de dar a luz. Se sienten muy confundidas en el momento en que empieza la verdadera lactancia y el hecho de que serán madres toda la vida. Con seguridad, nunca más volverán a conciliar el sueño como antes.

Cuando surge en el psicoanálisis la posibilidad de abandonar definitivamente la parte infantil de la personalidad, el paciente lo siente como la pérdida del pecho materno (el futuro destete). Se produce una defensa contra la finalización del análisis y una desconfianza en la fuerza del analista, que ahora queda a merced de las partes infantiles agresivas y sádicas de su paciente.

Muchos pacientes abandonan el psicoanálisis en este momento como el aficionado/seguidor que abandona el partido de fútbol de su equipo 20 minutos antes de acabar cuando su equipo esta perdiendo. No confía en la fuerza de recuperación y remontada de su yo interno.

Es una etapa muy difícil de atravesar que llamamos también "el umbral de la posición depresiva”: el problema ahora es la oscilación entre la consciencia del mal ocasionado al objeto de amor por olas proyecciones agresivas anteriores y la reparación subsiguiente.

En el material de las sesiones y espacialmente en los sueños hay evidencias clave que muestran un tipo particular de escisión entre la parte adulta que quiere reparar el mal causado al objeto de amor y la parte infantil de la personalidad que quiere seguir destruyéndolo. La ambivalencia emocional está distribuida al 5º% en ambas partes.

La parte adulta anhela la independencia del analista real y la preservación del análisis como un método de organización de la mente que seguirá durante toda la vida. La parte infantil anhela una permanencia interminable en el análisis y en la vida real. Esto es así porque el psicoanálisis autentico es el único lugar en la vida humana en donde la otra persona (el analista) está dispuesto a poner toda su profesionalidad, esfuerzo y determinación en comprender la vida mental y emocional íntima de su paciente y acompañarlo en todo este proceso de conocimiento de uno mismo.

Este periodo que llamamos “el otoño de la mente” es muy laborioso en el análisis, porque las tendencias infantiles y regresivas del paciente que quieren volver al “verano de la mente” son muy fuertes y porque en su mundo interno aún no ha conseguido formar un objeto adulto con la fuerza mental suficiente.

El trabajo en este periodo del psicoanálisis s enfoca en elaborar, no únicamente os ataques destructivos y agresivos contra el análisis y contra el analista, sino también el de atravesar periodos poco productivos y aburridos en donde se refuerzan los mecanismos obsesivos y una reactivación del periodo de latencia infantil, en donde vuelven a expresarse los problemas no resueltos de la adolescencia.

Se produce en la mente del paciente como un replegamiento psíquico, un aumento de las resistencias  caracteriales. El paciente no quiere renunciar a que los sigan viendo y tratando como a un niño o una niña y se niega a crecer mental y emocionalmente.

Nos vamos aproximando a la última etapa que llamaremos el destete (el invierno de la mente). En el próximo nº de Girosalut hablaremos de esta 4ª etapa y el final del proceso psicoanalítico con el correspondiente duelo y la pérdida definitiva del objeto de amor y del analista.


El Dr.Carlos Frigola es psiquiatra, psicoanalista. Premio Pascual y Prats del Colegio de Médicos y de la Agrupación de Ciencias Médicas de Gerona. Dip. Tavistok Clínic y Institute of Human Relations. Londres.
Director de la Fundación Wilhelm Reich. Miembro del American College of Orgonomy. Autor de diversos libros. Trabaja en la Clínica de Medicina Orgonómica de Creixell. Borrassá. Tel. 972 50 62 91.





jueves, 10 de noviembre de 2016

EL PSICOANÁLISIS-Teoría y fundamentos de la técnica ( II )

Continuamos las publicaciones anteriores que tratan sobre la técnica psicoanalítica: su teoría y fundamentos.
En esta ocasión compartimos el  artículo escrito por el  Dr. Carles Frigola  editado   en el nª 43 de la revista bimensual Girosalut.





EL PSICOANÁLISIS

Teoría y fundamentos de la técnica II

Dr. Carles Frigola

En el anterior número de GiroSalut explicamos las diferentes etapas de todo psicoanálisis y el papel que juega la transferencia, que es la proyección de las partes infantiles del paciente en el  analista. Dejamos al paciente en un momento en donde su mente está dividida entre una parte que ya sabe mitigar el dolor, la angustia y el sufrimiento y otra parte que ya proporciona una comprensión mental.

Al dejar claras las funciones geográficas de la mente (entre las áreas del yo y las del objeto de amor, o entre las partes infantiles de la personalidad y las partes adultas) surgen nuevas configuraciones transferenciales. En este momento que llamamos Claustrum o contacto emocional sustitutivo, el analista utiliza una nueva técnica interpretativa. En el proceso psicoanalítico el paciente presenta ahora comportamientos superficiales, como un intento de seguir estableciendo relaciones infantiles consigo mismo y con los otros. Por descontado también con el analista. La conducta del paciente no es del todo sincera, hay una paciencia forzada o una falsa sonrisa. En la vida privada aparece coquetería, timidez, promiscuidad o vergüenza sexual. El paciente se expresa de una forma afectada y su conducta es condescendiente, dignificada, omnipotente y falsa. En el diván aparecen movimientos corporales comprometidos o gestos extravagantes.

 A medida que se van interpretando todos los síntomas infantiles en el diván, el paciente inicia una nueva transferencia hacia el analista que llamamos pecho-water. Esto hace que el paciente deje de proyectar y expresar sus angustias (sus excrementos) en el mundo exterior ( los objetos externos) y lo hace exclusivamente hacia el analista y hacia el análisis . Lo que da lugar a un nuevo objeto transferencial que ya puede ser introyectado. Es decir, disminuyen los fenómenos proyectivos o agresivos que han aparecido hasta ahora y aparecen los fenómenos introyectivos. Menos proyección y más consciencia.

Al aparecer las configuraciones edípicas triangulares, surge en el análisis el problema de los celos, los anhelos de gratificaciones no satisfechas que van inundando la relación de transferencia. El peligro o el riesgo de esta etapa del psicoanálisis (el estudio de la mente) es que surja una erotización y una idealización recíproca entre el paciente y el analista y con una nueva negación o anulación de la diferencia entre las partes infantiles y las partes adultas de la personalidad del paciente.

El análisis entra en una nueva etapa en la cual se han de ordenar estas confusiones zonales en referencia a las diferentes zonas erógenas corporales y la relación del yo con estas zonas. Los pacientes que se encuentran en esta etapa creen que su comprensión y sus auto-interpretaciones son mejores que las que le ofrece el analista. El paciente es como un joven que quiere independizarse de los padres (el analista) pero que al mismo tiempo los necesita para que le avalen. La elaboración de  estas confusiones, refuerzan la dependencia introyectiva: el analista es el que le ofrece la nutrición mental para el crecimiento y la integración de la personalidad, lo que da lugar a las funciones paternas lo que es altamente constructivo para la mente del paciente. Al mismo tiempo este “padre interno” repara el mal ocasionado a la “madre interna” por la excesivas proyecciones agresivas anteriores.

Esta introyección del “objeto paterno” es diferente en el caso de que l paciente sea una mujer o un hombre.Todo y que el final del recorrido analítico será el mismo, los dos toman caminos separados. Además en el caso de la mujer, este recorrido es mucho más largo que en el caso del hombre, puesto que tendrá que realizar el camino de ida y vuelta.

Cuando el analista consigue la unión en el mundo interno del paciente de las funciones paterna y maternas se constituye un nuevo estado mental, una base más solida, por decirlo así, donde asentar el reconocimiento de la realidad psíquica y la capacidad simbólica que tienen todas las relaciones humanas maduras. Antes, el paciente estaba solamente interesado en como experimentar con otras personas las sensaciones corporales que le producían las zonas erógenas.


Se da oportunidad de esta forma  al autoanálisis verdadero, diferente de las presunciones de sabiduría o omnipotencia que caracterizaban las etapas anteriores (la primavera y el verano de la mente). En el próximo número de Girosalut continuaremos describiendo las siguientes etapas (el otoño), el proceso de duelo del objeto: el destete, donde aparecen en el horizonte la amenaza de nuevos peligros al mismo tiempo que nuevas aventuras al paciente

El Dr.Carlos Frigola es psiquiatra, psicoanalista. Premio Pascual y Prats del Colegio de Médicos y de la Agrupación de Ciencias Médicas de Gerona. Dip. Tavistok Clínic y Institute of Human Relations. Londres.
Director de la Fundación Wilhelm Reich. Miembro del American College of Orgonomy. Autor de diversos libros. Trabaja en la Clínica de Medicina Orgonómica de Creixell. Borrassá. Tel. 972 50 62 91.

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lunes, 10 de octubre de 2016

EL PSICOANÁLISIS-Teoría y fundamentos de la técnica


En esta ocasión queremos compartir con vosotros/as un nuevo artículo del Dr. Frigola editado en el nª 42 de la revista bimensual Girosalut en el que nos habla de la teoría y fundamentos de la técnica del psicoanálisis. Para introducir este artículo hemos considerado interesante incluir en esta entrada unas pequeñas notas, a modo de resumen, del trabajo de W. Reich en el campo psicoanalítico.  


“(…) Las primeras clínicas psicoanalíticas gratuitas fueron abiertas en Berlín por Max Eitingon y Ernst Simmel en 1920, el mismo año en que fundó The Tavistock Institute of Medical Psychology en Londres.
La Policlínica de Berlín fue muy dinámica, Wilhelm Reich se incorporó a ella en 1929. Algunos de los psicoanalistas que allí trabajaban visionaron el psicoanálisis, no solamente como una ciencia o una profesión, sino también como una fuerza cultural y algunos incluso como una fuerza política.
El Wiener Psychoanalytisches Ambulatorium fue abierto por Freud en mayo de 1922. En 1924 Reich era ya el director asistente del Ambulatorim bajo la supervisión de Eduard  Hitschmann. Al mismo tiempo dirigía  el Seminario sobre Técnica Psicoanalítica.
Reich fue e3l primer psicoanalista que introdujo en la literatura psiquiátrica el concepto borderline (el estado fronterizo entre la neurosis y la psicosis. La palabra le pertenece históricamente. Reich trató a muchos pacientes que él consideraba borderline. Para Reich, a la vista de estos casos tratados en el Ambulatorium, el psicoanálisis que se practicaba allí dejaba de ser un tratamiento puramente sintomático para convertirse-paulatinamente y por pura necesidad clínica- en un psicoanálisis del carácter.
La constante evolución que hizo del análisis del carácter le fue acercando hacia la medicina psicosomática y de ésta a la medicina orgonómica (de organismus) que es una disciplina médica oficialmente reconocida en Norteamérica.

En 1949 fundó en Nueva York el Orgonomic Infant Research Centre con programas de salud prenatal y postnatal y desarrolló una nueva técnica psicoanalítica de observación e intervención en bebes que denominó primeros auxilios emocionales. (…) “

" Cartas de Sigmund Freud a Wilhelm Reich: El Ambulatorium de Viena, el Seminario Técnico y el nacimiento del Análisis del Carácter". Frigola. C. Temas de Psicoanálisis. Núm.6-Julio 2013.

(Teneis el enlace para acceder a la revista en el articulo publicado en el blog el dia 28 de enero 2014)

                                                










EL PSICOANÁLISIS

Teoría y fundamentos de la técnica

Dr. Carles Frigola

El método psicoanalítico se basa en la capacidad del paciente de experimentar las relaciones de transferencia. La transferencia es la proyección en la figura del analista de los niveles inconscientes y los aspectos infantiles de la personalidad. La finalidad última del psicoanálisis es el establecimiento de la capacidad de autoanálisis por parte del paciente. Este auto-análisis es una tarea difícil i ardua, ya que implica una responsabilidad por la vida psíquica y emocional, tanto  la de uno mismo como la de los otros. El psicoanálisis necesita un desarrollo en el tiempo para que el paciente pueda vivir e integrar todas las experiencias mentales y emocionales posibles.

Vamos a describir las diferentes etapas de todo psicoanálisis. Las primeras etapas del proceso del proceso psicoanalítico, tanto en las personas adultas como en los niños, se basan en la tendencia natural que todo ser humano tiene de transferir encima de las personas del mundo externo los personajes y las fantasías que se encuentran en su mundo interno. Esta tendencia natural se llama proyección y se concentra en la figura del psicoanalista. Esta proyección cada vez es más grande y más profunda (inconsciente), en la medida que las sesiones aportan al paciente un alivio de su ansiedad.

De esta forma, el analista acoge todas las ansiedades infantiles (la mayoría de las veces en forma de síntomas físicos, psicológicos u psicosomáticos), las contiene y las interpreta. Por esto es necesario un estado adulto en la mente del analista y de disponer de un clima mental y emocional adecuado que se va creando en las sucesivas sesiones. Esto requiere, por parte del psicoanalista, disponer de las capacidades básicas que poseen los objetos parentales: paciencia, atención constante, cuidado, ausencia de afección, libertad de comprensión y que estas capacidades no estén motivadas por ninguna curiosidad por parte del analista. Este encuadramiento se ha de remodelar constantemente para poder ir integrando en el los aspectos infantiles del paciente que irán surgiendo  a lo largo del análisis.

El inicio del tratamiento lo podríamos llamar estadio de falta de contacto que tiene lugar porque los impulsos que quieren salir y expresar-se hacia afuera y las fuerza represoras que lo impiden están en este momento en equilibrio. Es como el juego de tirar de la cuerda. Esto es debido al hecho que el paciente adulto (no los niños) viene al tratamiento psicoanalítico cargados de prejuicios (transferencia preformada).

Ahora bien, esta falsa colaboración inicial se desvanece a medida que surgen las primeras experiencias de alivio del sufrimiento y de la ansiedad que experimenta el paciente. Esto lleva aparejado la presencia continua del analista y que no es una dependencia como la gente cree. Esta necesidad se genera ante las separaciones inevitables entre las sesiones, que provoca una reactivación del sufrimiento del paciente. El “niño lactante” que hay dentro del paciente, pide la presencia de la “madre nutriente” (psicoanalista).

Los síntomas de esta etapa son entre otros: un sentimiento de soledad interior, una confusión, un agarrotamiento una reserva, un temor, etc. Estos síntomas van surgiendo a medida que van apareciendo los conflictos infantiles.

El paciente intenta resolver estos conflictos infantiles con mecanismos de defensa que anulan las consecuencias de la separación entre el Yo y los objetos de amor. El paciente no quiere separar su “niño interno” de sus “padres internos”. Confunde el Yo con el objeto de amor. En este estadio el paciente se atribuye las capacidades y las funciones de su analista.

El siguiente paso en el proceso psicoanalítico se dedica a la resolución de estas confusiones (Yo-objeto) y el analista trata de ayudar al paciente a ordenar estas confusiones geográficas, ya que al estudiar la geografía de la mente humana implica aceptar también la existencia de un mundo mental
Inconsciente. Este mundo mental tiene lugar en diferentes espacios (recuerdos, deseos, sueños, fantasías, miedos, etc.) En este estadio inicial, tanto en psicoanálisis de niños como adultos, se instrumenta la relación psicoanalítica a través de analizar en profundidad los intentos infantiles de seducción, amenazas, control y chantajes más o menos encubiertos del niño interno del paciente. Esta confusión niño-adulto es una confusión de identidades entre el yo y el objeto y va acompañada de una confusión entre el mundo social externo con sus propias leyes y el mundo interno mental con las suyas.

Cuando el trabajo analítico alivia este tipo de confusiones geográficas en el paciente (confusiones entre los aspectos infantiles de la personalidad y los aspectos adultos), el analista comienza a ser visto como un objeto separado, a pesar de que todavía, la función primordial del cual es contener el sufrimiento de todas las partes infantiles proyectada hacia él. El analista es un objeto de amor necesitado pero aún no estimado. En este periodo del análisis, se evidencia el uso que hace el paciente del analista como depositario del sufrimiento y de la ansiedad.

Es muy frecuente en esta etapa del proceso psicoanalítico que el alivio del sufrimiento, la desaparición de la ansiedad o el progreso mental que aparecen en la terapia se adjudican a un personaje del mundo externo. El paciente dice que se siente mejor gracias al consejo de un amigo, gracias al chico o la chica del quien se ha enamorado, al nuevo trabajo que ha conseguido o incluso piensa que la curación que experimenta proviene de algún otro sitio curativo.

Se produce así una división mental entre una parte que alivia y calma el dolor y el sufrimiento y otra parte que proporciona comprensión. Esta división mental es como una rebelión adolescente del paciente, que aún no acepta la ayuda del analista de todo corazón, la cual cosa produciría  en él una mayor necesidad de su presencia y gratitud.

Nos encontramos en la primera cuarta etapa del tratamiento psicoanalítico, en la primavera por decirlo de una manera. Todavía nos queda por experimentar el verano, el otoño y el invierno de la mente.

 En los próximos números de Girosalut continuaremos hablando de las etapas que faltan para llegar al final de proceso psicoanalítico.



El Dr.Carlos Frigola es psiquiatra, psicoanalista. Premio Pascual y Prats del Colegio de Médicos y de la Agrupación de Ciencias Médicas de Gerona. Dip. Tavistok Clínic y Institute of Human Relations. Londres.
Director de la Fundación Wilhelm Reich. Miembro del American College of Orgonomy. Autor de diversos libros. Trabaja en la Clínica de Medicina Orgonómica de Creixell. Borrassá. Tel. 972 50 62 91.