martes, 16 de octubre de 2018

Información cursos y actividades FWR 2018

Deseamos que hayáis pasado un buen verano,

Nosotros/as  ya hemos empezado a poner en marcha nuestras actividades habituales y ponemos en marcha nuevos proyectos.

Os hacemos llegar la información de los cursos y  actividades que realizaremos en la Fundación Wilhelm Reich en Creixell  y,  también de la presentación que haremos en el Aula de l'Ecocentre Pàmies Vitae de Balaguer este próximo domingo 21 de octubre

Esperamos que pueda ser de vuestro interés.

Saludos.











jueves, 4 de octubre de 2018

SENSACIONES, EMOCIONES Y SENTIMIENTOS-LA ENVIDIA

A continuación tenéis el quinto de una serie de artículos escritos conjuntamente por nuestra compañera Eva Moya y el Dr. Carles Frigola. Este articulo ha sido publicado en el nº 54 de la revista bimensual Girosalut/ nº 09 BarnaSalut.










SENSACIONES, EMOCIONES Y SENTIMIENTOS


LA ENVIDIA


Por Carlos Frigola y Eva Moya

Siguiendo con la serie de artículos dedicados a los sentimientos y las emociones humanas, hoy hablaremos de la envidia.

Definiríamos la envidia como una forma de ataque y odio, entre otras formas de ataque existentes, que nace en un estado mental fantasioso. En esta fantasía nace un sentimiento destructivo que nos impulsa a atacar a un objeto: vecino, compañero de trabajo, hermano, etc. Hay que subrayar que esta agresión es diferente de la que se puede sentir hacia un rival. Esta agresión destructiva puede tener la forma violenta de posesión y control.

M. Klein describe la envidia como un ataque destructivo a un objeto bueno, no al objeto malo. Su postura sostiene que es de origen innato, de nuevo, sin género. Un instinto de arruinar a una persona precisamente por su bondad. De intenciones hostiles hacia un sujeto, expresado desde su fantasía, desde un estado mental de confusión y conflicto. Parece ser que esta fantasía agresiva es innata. O bien, se da en la primera infancia en donde el primer objeto envidiado, por tanto, que se quiere destruir es el pecho de la madre por las frustraciones recibidas.

Es una sensación de confusión entre aquello que es bueno y no lo es; en uno mismo y en el mundo externo más cercano. Recordemos que existe confusión cuando no hay la suficiente distancia entre el yo y el objeto.

Por ejemplo en el enamoramiento fácilmente nos podemos confundir con la otra persona. Klein mantiene que la envidia llega como un obstáculo mayor en el desarrollo de un carácter sano.

Es importante no olvidar que innato no quiere decir inmodificable pues en el curso del desarrollo del niño la modifica suficientemente como para tener una psique de evolución normal.

Por otra parte J.Steiner sostiene que el bien no puede existir de forma aislada. De aquí la ambivalencia en los objetos, que son buenos y malos a la vez. Establece un vínculo entre los objetos que son más difíciles de tolerar, los cuales a pesar de sus cualidades positivas son vivenciados como humillantes, con la aparición de sentimientos de inferioridad. No tolera la bondad del objeto. Esta singular forma de vivir un hecho positivo de forma angustiosa y dolorosa es debido a viejas experiencias siempre a nivel inconsciente. La angustia aparece cuando el sujeto se siente más confortable dando que recibiendo.

Bion propone que el vínculo entre objetos es aquello envidiado. Poe ejemplo: la envidia de un niño pequeño mirando a su madre con un nuevo niño es fácil de reconocerlo.

Es importante no olvidar que innato no quiere decir inmodificable

La envidia también provoca las identificaciones proyectivas: creer que las cualidades de otra persona son las propias. De nuevo fruto de la confusión. A nivel inconsciente es “claro”. Actúa la tendencia a establecer relaciones hostiles con un objeto bueno. Atacar a quien da satisfacción. Esto es debido a vivir en un estado mental infantil y confusional. A creerse omnipotente idealizándose uno mismo.

La envidia no tiene fin. Se podría describir como un sentimiento de insatisfacción eterna. Una voracidad que puede tener como consecuencia una acumulación de objetos echados a perder, experiencias negativas, frustrantes. Provocando más gana y ansia de apoderarse de un nuevo objeto bueno para calmar la angustia interna que no para de empeorar.

¿Qué no es la envidia? Cuando los otros nos copian actitudes nuestras de una manera repetida y sistemática. Por ejemplo: comprar una bicicleta, unos zapatos, un vestido prácticamente idéntico.
¿ De qué depende que envidiemos unos objetos o otros? ¿Por qué uno llega a envidiar? La vergüenza y la envidia se originan en las comparaciones. La envidia es producida por un sentimiento vergonzoso de inferioridad. Parece que la superioridad y la inferioridad vienen a ser los temas importantes. Son los elementos de una lucha competitiva infantil.

¿Cómo deconstruir esta fantasía llamada envidia? En primer lugar es necesario discriminar entre estados psíquicos buenos y malos. Realizando esta separación sin un odio excesivo. Si el odio es excesivo hace que se prolongue el estado confusional. Si el niño no puede salvar de ataques al objeto bueno, no tendrá una experiencia positiva de aquel objeto y no lo podrá introyectar adecuadamente, es decir, no tendrá un buen referente para futuras situaciones. No podrá tener el orden interno necesario para sus nuevas experiencias.

Los elementos de la envidia pueden ser modulados poco a poco pasando por diferentes espectros de intensidad. Como por ejemplo, un estado persecutorio, llegando a los celos incontrolables. Esto deja lugar a la admiración por la misma persona por la que sentimos celos e inferioridad, hasta finalmente, desembocar en un estado de competencia más franca y sana en la persona envidiada en un principio.

¿Es sano negarse la envidia a uno mismo? Quizás nos ayudaría, siempre desde la separación del objeto, la cual nos permite confrontar mejor la realidad, aceptarla como algo que  ha de ser tolerado y poder vivir. Acogerla como una forma de hacer frente a nuestros verdaderos deseos. Reflexionar sobre aquello que uno envidia. Aquello que se desea lleva a una situación incómoda. Demandando  energía y gran determinación. Hay que saber “sólo” si uno mismo está dispuesto a hacer este dantesco esfuerzo a cambio de construir el propio yo. ¿ Existe mayor recompensa o un final más satisfactorio?





Carles Frigola es psiquiatra y psicoanalista. Médico orgonomista.

Eva Moya es diplomada en magisterio. Postgrado en comunicación.

Para ampliar información en otros temas podéis consultar:

 www.wilhelm-reich.org 

miércoles, 26 de septiembre de 2018

SENSACIONES, EMOCIONES Y SENTIMIENTOS-EL ODIO

A continuación tenéis el cuarto de una serie de artículos escritos conjuntamente por nuestra compañera Eva Moya y el Dr. Carles Frigola. Este articulo ha sido publicado en el nº 53 de la revista bimensual Girosalut/ nº 08 BarnaSalut.








SENSACIONES, EMOCIONES Y SENTIMIENTOS

EL ODIO


Por Carlos Frigola y Eva Moya



Quizás uno de los sentimientos más primitivos y profundos que experimentamos. Pero ¿cómo se origina y cómo nos afecta?  Y lo más preocupante: porque lo ignora nuestra sociedad encubriéndolo con fachadas sociales nada genuinas de coloreadas variaciones.

Por ejemplo: la ira, el menosprecio, etc. A menudo al final de un conflicto en la hora de recreo se sugiere a los alumnos: “todos hemos de ser amigos”… ¿Ah, sí? ¿Es saludable este consejo…o simplemente políticamente correcto? ¿Cómo nace en nosotros esta aversión y repulsa profunda hacia alguien muy diferente a nosotros o por alguna cosa?, como por ejemplo la olor del tabaco, para los que lo hemos dejado después de mucho esfuerzo.

¿Quién odia más? Mujeres, hombres, niños. De nuevo la diferencia. No olvidemos que el odio está desposeído de género. El odio tampoco es genético como señalaba Nelson Mandela: “nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, origen o su religión”.

Seguidamente nombramos cuatro situaciones en donde el odio no descansa:

En primer lugar, en el caso de niños pequeños (toddlers: 1-2 años): donde aún no pueden expresar la rabia que sienten de manera oral, es decir, antes del habla. A menudo encontramos circunstancias en donde el segmento oral: la barbilla, la boca, la mandíbula, las mejillas y la garganta, descarga energía (libido). Al no tener aún la capacidad de expresar sus sentimientos con palabras aparecen los conocidos mordiscos de la guardería. Es en esta parte del cuerpo (boca) en donde se concentra la rabia. Es de recorrido o de elaboración más breve que el odio. Por lo tanto, se expresa más físicamente, más rápidamente.

El odio, en cambio, necesita más tiempo para construirse. Habita en otro segmento corporal. Más cerca del corazón, “compartiendo” espacio con el amor. “Cuanto más pequeño es el corazón más odio aloja” V. Hugo

Segundo, en una relación de pareja: donde uno de los integrantes, independientemente de su género, tiene un carácter más autoritario dejando poco o nada que negociar a la otra parte. Obligando durante años a ceder constantemente a la misma persona. En el lenguaje vernáculo, diríamos que la persona más sumisa de la pareja, “mete en cintura”, sometiéndose a una imposición a regañadientes (en contra del Self) acumulando un sufrimiento de humillación, de angustia, etc.

Estas relaciones de dominio-sumisión, siempre inmaduras e infantiles, desembocan en un sentimiento de odio profundo a nivel inconsciente de la persona sumisa hacia la persona dominante o autoritaria; el sentimiento de odio es disimulado en la superficie.

En tercer lugar, el caso del odio envidioso y los celos: aparece odio fruto de una experiencia vivida desde la confusión con el objeto. Odio hacia un amigo, hacia el trabajo, hacia el cónyuge, hacia un hermano pequeño que acaba de aparecer en la tranquila y egocéntrica vida del hijo primogénito.

En cuarto lugar, situaciones de depresión: recordamos que una de las diferencias entre los que padecen un duelo normal y los deprimidos es que estos últimos guardan un odio hacia sus seres queridos que ya no están (P. Roth). Un odio que nace de la confusión de creer que la persona que ya no está o te ha abandonado te pertenece, que no tiene vida propia.

Encontramos el odio entonces, invadiendo el segmento torácico: los pectorales, el trapecio, el romboide, los escapulares, los músculos intercostales, pulmones y corazón. Instalado de forma profunda para quedarse…”congelada” al menos durante un tiempo. ¿Qué tienen en común las situaciones previamente descritas que provocan el sentimiento de odio y la agresividad?

“Encontramos el odio en el segmento torácico: los pectorales, el trapecio, el romboide, los escapulares, los músculos intercostales, pulmones y corazón”

La diferencia. En esta diferencia, lucha delos instintos que cada persona libra en su interior, se va acumulando la agresividad. Ahora ya sabemos que esta libido apilada se descarga de una forma y otra. No se puede postergar ad vitam pues engendraría aún más sentimiento de odio.

¿Cómo modificamos este sentimiento tan arraigado por otro más ligero y sano? Con diálogo. Discutiendo, analizando para fragmentar. Dividiendo la mente en partes emocionales más simple. Más sencillas, para llegar a entender la situación. Conversando con uno mismo, con la ora parte o otras partes y con paciencia.

Esto amplía nuestro umbral de tolerancia a la diferencia. Si el odio se construye durante años, ha de existir pues un diálogo largo y profundo para derrocarlo. Desmenuzar el odio hará brotar durante la larga etapa de deconstrucción de la mente toda una serie de inevitables emociones nada agradables  a las que habremos de encarar.

Como apunta el Dr. J. Steiner nos sentiremos: “ perturbados, sensibles, vulnerables, desconcertados, incómodos, cansados, inadecuados, incorrectos, desfigurados, postergados, degradados, avergonzados, subestimados, difamados, desacreditados, deshonrados, humillados…”

Quizás tendríamos que aspirar a una sociedad que pueda coexistir con la pulsión de muerte (Freud). Dar salida de alguna manera a la agresividad sana, a nuestra “parte animal” que genera conflicto en lo social no sólo negarlo o controlarlo sistemáticamente. Tener la oportunidad de poder descargar el exceso de energía en lugares controlados, como durante la práctica de una actividad deportiva. Más correcto seria trabajarlo psicoanalíticamente (W.Reich). Estudiar por qué esta parte animal-agresiva pero sana rompe la armonía. Cuestionar los valores, probablemente obsoletos, que cuadriculan de forma sagaz nuestro tejido social. Que aún decretan nuestra forma de vivir.

El delito de odio esta castigado en el Código Penal, igual que el fomento de la violencia entre grupos o personas por motivos de etnia, racistas, ideológicos o religiosos. Por otra parte, sentir odio y expresarlo de una forma pacífica y creativa como las narices rojas de los payasos o los gags humorísticos y las letras de las canciones de los raperos no tendrían que ser considerados un delito. Aquí entraríamos en el campo de la psicopolítica y la utilización partidista del odio para fines electorales.

En próximas ediciones de Girosalut_Barnasalut seguiremos nuestro camino observando los sentimientos humanos para entenderlos. Para poder ordenarlos y explicarlos mejor. En el siguiente número hablaremos del deseo de aquello que tiene otro: la envidia.


Carles Frigola es psiquiatra y psicoanalista. Médico orgonomista.

Eva Moya es diplomada en magisterio. Postgrado en comunicación.

Para ampliar información en otros temas podéis consultar:

 www.wilhelm-reich.org