lunes, 23 de mayo de 2011

PRIMEROS AUXILIOS EMOCIONALES EN EL PROCESO DE MORIR

Esta entrada corresponde al artículo publicado por el Dr. Carles Frigola en el nº 7 de la revista bimensual GiroSalut. Con esta publicación  ya tenemos el blog puesto al día con todos los articulos que sobre orgonomía y la obra de Wilhelm Reich se han ido editando en dicha revista.





PRIMEROS AUXILIOS EMOCIONALES EN EL PROCESO DE MORIR.

La muerte es la suma de diversos sufrimientos: físicos (dolor, deterioro orgánico…), psíquicos (angustia, tristeza, miedo…) sociales (pérdida de roles), emocionales (la reconciliación, el perdón…) y espirituales (para qué nacer, donde hay Dios, etc.).

Jane es una mujer de 77 años que ingresó en un hospital por descompensación de la hipertensión y de los niveles de glucosa en la sangre. A pesar de que se corrigieron estos parámetros, la paciente seguía en un estado semi-comatoso. Al cuarto día la paciente empezó con fiebre y a pesar de las pruebas que se realizaron (incluido un TAC) no pudieron determinar la causa de su estado. En vista de esto se requirió la consulta de un psiquiatra.

Al entrar en la habitación vi a Jane, una mujer con el pelo blanco durmiendo plácidamente. Como en ese momento se encontraba sóla la estuve observando un buen rato. Respiraba normal y de tanto en tanto hacia un largo suspiro. La ayude a sentarse en la cama y estuvimos intercambiando algunas frases.

Le movilicé la cabeza i con suavidad le hice masajes en la nuca y en el cuello. Le dije que quería ayudarla y que para esto podríamos hablar, por ejemplo, de su familia. Inmediatamente se cerró en si misma, en un estado meditativo. Al día siguiente, cuando entré, la paciente estaba sentada en una silla. Un familiar le estaba dando la comida como si fuera un bebé. La paciente continuó impasible con su tarea. Pero observé que cada vez que tragaba me miraba y que agradecía con los ojos mi visita. Después de comer, ya en la cama, me senté a su lado en silencio.

Me dijo que había ingresado en el hospital porque su marido ya no podía tener cuidado de ella como antes y que por esta razón se encontraba allí.

En realidad habían vivido juntos más de cincuenta años y nunca se habían separado. Pero ahora, su marido, empezaba a perder las fuerzas y ya no podía ayudarla. Esto lo dijo con muchísima tristeza.

Las sesiones de PAE consistían en observar a la paciente, en hablar de su pasado y en mi intervención orgonómica, tratando de desbloquear la rigidez de su cuello, de la nuca, movilizándole los ojos y ayudándola a expirar (suspirar) para revertir la tensión en el pecho. Ella lo agradecía despidiéndome con una sonrisa, Así transcurrieron tres semanas. Aún así, el cuadro febril no disminuía y durante la mayor parte del tiempo la paciente se encontraba durmiendo.

Consideré que la fiebre era una descarga de energía que servía como una válvula de escape al cuadro de hipertensión, que actualmente iba remitiendo. Esta fiebre emocional también era una liberación emocional profunda, una mezcla de sentimientos de duelo y aflicción por el deterioramiento del marido, por su propia hemiplejia y por la muerte de su hermano y de su cuñada en un accidente de circulación. Intuí también que se trataba de una despedida anunciada

Otro hecho que observé fue que, a medida que iba transcurriendo el tiempo, Jane se iba despidiendo de las personas que iban a visitarla, de tal forma que si volvían al día siguiente, las ignoraba o se abstraía. Tuve ocasión de observar dos sucesos que me emocionaron profundamente.

En una sesión le pregunté si había soñado mientras dormía y me dijo que si:”estaba sola en la luna i esperaba que alguien viniera a recogerme”. Le pregunté si ya le habían avisado que vendrían o si alguien había venido. Me dijo que todavía no.

A los dos días la situación clínica empeoró. La fiebre persistía y se descompensó la hipertensión y la glucosa en la sangre. En una sesión, le pregunté- después de trabajar con su respiración y aligerarle la tensión en los ojos, frente, la nuca- si había tenido algún otro sueño. Me dijo que si:”Estaba sola en la luna y estaba esperando a que alguien viniera a recogerme”. Le pregunté si esta vez ya la habían avisado, y me dijo que si, y que Dios Nuestro Señor la vendría a recoger.

Estaba llevando el caso de Jane con mi supervisor y me orientó en el sentido que el Yo de la paciente, ya despidiéndose de una parte corporal, iba al encuentro del Self (del Si Mismo). A través de la luna ( su madre o el inconsciente) el Yo de Jane, completamente solo y desencarnado, esperaba el último y definitivo encuentro con el Self; es decir con la energía cósmica primordial que en términos de Orgonomia es la propia energía sexual que traspasa los estrictos limites de la individualización.

Dos días más tarde, pude observar con mis propios ojos esta interpretación orgonómica. Al entrar en la habitación a la hora acostumbrada encontré a la paciente despierta y a su marido sentado al lado de la cama. Jane sostenía con su mano no paralizada el dedo pulgar de su marido. No interrumpí y permanecí sentado en silencio. No intercambiamos ninguna palabra, sólo las miradas. El cabo de un rato el marido me dijo, espontáneamente, que hacia mucho tiempo que ya no hacían el amor, pero que, incluso ahora, podía sentir las mismas sensaciones, cuando su mujer apretaba fuertemente su pulgar y lo mantenía en su mano. Sentía el mismo cosquilleo en el cuerpo, mientras que su mujer, en silencio, lo miraba tiernamente a los ojos. El podía sentir también el temblor de su mujer que saliendo del pecho al respirar, bajaba por el brazo hasta llegar a la mano y de esta a su propio pulgar.

Al día siguiente Jane entró en coma i murió plácidamente al lado de su familia. Vi a Jane durante 27 sesiones.



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