viernes, 15 de abril de 2011

ARTE Y ORGONOMIA I

El siguiente artículo fué publicado en la revista de sciences orgonómiques: 3e Anné nº10-1988. Por el Prof.John M. Bell; consta de cuatro apartados:  el papel del arte, alejamiento de la naturaleza, coraza y arte y por último los origenes del arte.
Este número de la  revista Sciencies orgonomiques forma parte del fondo documental de la Fundación Wilhelm Reich. Creixell ( Alt Empordà)
( El original esta escrito en frances,  he procurado ajustar la traducción al texto original)
El hombre a través de su historia, ha desarrollado estructuras sociales e intelectuales variadas para dar más sentido a su vida; también ha ido creando diversos modelos de creación artística. Cualquiera que fuera la naturaleza o la localización de su morada, el hombre ha decorado, ilustrado, dramatizado o atraído simbólicamente los aspectos de su vida y de su entorno a través de una multitud de formas y modelos. En nuestra cultura, hemos llegado a amar a  algunos de ellos, considerándolos como las exploraciones más profundas y más irresistibles de nuestra existencia. Hemos llegado incluso a venerar a ciertos creadores de estas obras: Homero, Sófocles, le Psalmiste, Dante, Miguel Angel, Shakespeare, Bach, Van Gogh y bastantes otros. Hemos puesto mucha atención e interés en el arte, ya sea que se trate del gran arte, del arte de evasión o de la representación frívola. El arte se convierte así en un terreno donde encontramos expresada claramente la naturaleza y la cualidad de nuestra vida social.

Sin embargo, existe una gran controversia sobre el sentido último y la función del arte. ¿Por qué existe? ¿De dónde viene? ¿Cuál es su función real? El arte es un simple divertimento, una diversión o- como los positivistas lógicos han acostumbrado a decir- ¿“no es más que metafísica”? O en realidad ¿satisface las más grandes necesidades? En resumen, ¿Significa alguna cosa?

Estas cuestiones han estado exploradas y estudiadas aproximadamente desde la época de Platón, de forma habitual en el contexto de un análisis filosófico complejo; pensadores como Platón, Aristóteles, Longin, Horacio, Quintiliano, Dante y muchos otros espíritus creativos, de los que algunos eran artistas,  se interesaron por estas preguntas. Pero no se ha llegado a una definición clara y unánime sobre los procesos y las funciones del arte. Actualmente existen numerosas tendencias según las escuelas, cada una reflejando una corriente particular o un compromiso filosófico. La multitud de aproximaciones a la comprensión del arte demuestra, por lo menos, su vitalidad persistente.

No podemos resumir o describir totalmente, aquí, las diversas aproximaciones al arte, puesto que estas no son nuestras intenciones. Trataremos, no obstante, de describir el papel central jugado por el arte dentro de la vida social y sugeriremos las bases de su significación. De esta forma investigaremos los elementos funcionales del arte gracias a una comprensión aportada por los trabajos de Reich.

El papel del arte

El arte está por todas partes; es la huella evidente de la admiración y de la reflexión del hombre sobre la creación y la consciencia. El arte es en gran parte, mimético y decorativo; es probable que haya aparecido bajo esta forma de expresión. Los pueblos llamados primitivos, por ejemplo, decoraban sus utensilios, sus armas y frecuentemente a ellos mismos. Si consideramos que la mayoría del arte primitivo es sutil y complejo, incluso un modelo estrictamente decorativo tiene un sentido. Cada pueblo desarrolla un estilo o un modelo que le es propio, y ese estilo se transforma en su herencia cultural, guiando y dando forma a la consciencia de las generaciones futuras. El estilo expresa la forma en que un pueblo o una tribu aprehenden o interpretan el mundo. Aunque el estilo tiene un gran significado, este significado puede, en otro momento, ser inaccesible a aquellos que, ajenos a esa cultura, contemplan el objeto de arte o el objeto decorado. De hecho, el estilo mismo, el lenguaje simbólico ligado al estilo, y las mitologías vehiculadas por ese sistema de símbolos pueden ser específicos para esa cultura.

A pesar de las aparentes limitaciones existentes, esta claro que los símbolos y las historias de base de una cultura (mitologías) son los elementos fundamentales que permiten construir y sostener la continuidad y la identidad de la cultura. En la medida que una cultura es “primitiva”, es decir, que no da una explicación racional y natural-científica a los fenómenos físicos, el conjunto de mitos y símbolos constituye su propia cultura. Así, alrededor y a través del sentido de los símbolos de base de una cultura, se tejen los acontecimientos importantes de la vida: nacimiento, matrimonio, muerte, guerra, catástrofe natural, agricultura, caza; todos estos acontecimientos piden el soporte y la ayuda del conjunto: mito-canto-danza-tótem-icono.

Si dirigimos nuestra atención hacia las culturas más sofisticadas, es decir, aquellas que están menos implicadas en una interpretación mitológica de la realidad y que poseen un sistema natural-científico de análisis más desarrollado, encontramos siempre al arte en posición central en la cultura. El ritual religioso, la escultura, la pintura, el teatro, la composición musical, la danza coreográfica y la literatura son las expresiones más familiares del arte en estas culturas. Nuestra idea es no obstante que, bajo la apariencia de diversión y de la decoración que son las funciones putativas de estas artes, encontramos que las ideas centrales, la consciencia y los problemas de la cultura procuran expresarse (…)

Alejamiento de la naturaleza, coraza y arte


En nuestra cultura, hemos racionalizado a tal grado la realidad que nos envuelve que, hemos perdido nuestro lazo de unión con la naturaleza, de la cual provenimos, y como consecuencia de esto nos es extremadamente difícil ver cuando y como expresamos nuestras inquietudes más profundas; somos sacudidos por nosotros mismos, por nuestras sensaciones y nuestras ansiedades. La toma de consciencia de esta alienación nos permite comprender nuestro arte y aquel de otras culturas. Reich ha mostrado que, durante milenios, nuestra cultura (así como muchas otras) ha estado profundamente acorazada. Debemos pues tener en cuenta las consecuencias específicas de este acorazamiento si queremos examinar todas las obras de arte de nuestra cultura, dado que todas ellas, o casi todas surgen de nuestra condición acorazada y, en la mayoría de casos, son su resultado. Las leyes, la iglesia, el estado, la filosofía, la ciencia e incluso el lenguaje llevan los rastros de la conciencia acorazada. Si estos fundamentos están tan afectados, nos dan la certeza que esto se refleja sobre las expresiones de nuestra cultura.

La vida acorazada, como la subraya Reich (1: Ch II), produce una sensación de alienación de la naturaleza fuera y dentro de si mismo. El terror a la vida, el miedo a la sexualidad y la ansiedad frente a la naturaleza son ejemplos típicos. Estos son entonces convertidos en instituciones y formas sociales para controlar la ansiedad. El autoritarismo patriarcal, con su agresión sexo-negativa hacia la juventud, su necesidad de controlar la naturaleza, su moralismo compulsivo (especialmente la moral sexual) y su represión de las emociones, contribuyen a formar y a estructurar la coraza. En el neurótico, el sistema patriarcal produce una dinámica emocional que le purifica, pero contrariamente al neurótico (que rechaza sus conflictos), la dinámica emerge bajo la forma de arte elaborado. El arte da a luz el inconsciente reprimido, los celos y los deseos de una vida emocional frustrada. Si el arte es serio y acertado, remueve la profundidad de las consciencias y recuerda al hombre “civilizado” que tiene sus raíces en la naturaleza y que trágicamente se ha apartado de ella.

Los orígenes del arte

Existen vestigios artísticos de las primeras sociedades humanas que parecen haber existido antes de la aparición de la coraza. Las figuras paleolíticas de “Venus” (35 000-20 000 antes J.C.) y las pinturas de las cuevas, por ejemplo de Altamira y de Lascaux (50 000- 25 000 antes J.C) parecen reflejar un referente con la naturaleza menos ansioso (Fig. 1, 2, 3).


Reich pensaba que el acorazamiento humano databa aproximadamente de 10 000 años. Nadie a nuestro nivel de comprensión y de conocimiento puede estar seguro. Pero si Reich tenia razón, el acorazamiento se habría formado en el momento de la revolución neolítica, periodo en el que el hombre empieza a no ser nómada y a alimentarse de la cosecha y establecerse dentro de estructuras determinadas, desarrollando una agricultura local diversificada (aclimatación de las plantas, domesticación de los animales etc.).

Incluso si Reich tenía razón, se esperaría un cambio de estilo entre el arte paleolítico y el arte neolítico o post-neolítico, lo que es el caso, dándose un cambio de estilo profundamente significativo. Nosotros sostenemos, sin poder demostrarlo de forma absoluta, que el arte paleolítico del que hemos hablado anteriormente, refleja una sensación fundamental de pertenencia y de participación con la naturaleza.
Ciertamente, las pinturas de las cuevas atestiguan una admiración ante la potencia de la naturaleza por la abundancia y el vigor de los animales representados, pero el presentimiento de la identificación está con seguridad allí. No podemos resolver la cuestión de la función específica de estas pinturas y estas cuevas; existe, incluso actualmente, una gran controversia sobre esta función. Pero, el hecho de que estas pinturas tienen tendencia a encontrarse en los escondrijos profundos y totalmente oscuros de las cuevas calcáreas donde no hay rastro de vivienda habitual o luz continua (no existen depósitos de carbón en el techo o las paredes de las grutas) la función votiva se nos hace presente en el espíritu.
Recientemente los expertos (2) incluso han demostrado que los símbolos aparentemente “sin significación”, sobre las paredes de las cuevas e incluso sobre los animales, son las representaciones evidentes de  zonas genitales humanas. Esto sugeriría, por lo menos, una participación y una identificación con la vida que vibra a su alrededor, con la sexualidad de la vida y, por extensión, con toda la naturaleza. Además, la frecuente aparición sobre las paredes de las cuevas de huellas, demuestra una inmensa sensación de identidad y de afirmación de sí mismo con las pinturas, los símbolos y, por supuesto, la cueva misma.

Las representaciones de “Venus” (el ejemplo clásico es la “Venus de Willendorf, actualmente en el museo de Berlín) sostienen el mismo tema. Estas representaciones de piedra son generalmente interpretadas como iconos votivos a la madre tierra (3).  Son manifiestamente sexuales, con pechos, caderas y muslos voluminosos y la hendidura del sexo incidida (fig.4)
Estas Venus son numerosas, sobrepasando ampliamente en número las figuras masculinas de este periodo. Esto sugiere, por supuesto, que la cultura paleolítica era probablemente matriarcal (y/o matrilineal) y practicamente sin coraza, puesto que estaba profundamente arraigada en la naturaleza y aceptaba la sexualidad. Este último punto es de una importancia crucial y puede ser controvertido, pero es necesario acordarse - como el trabajo terapéutico de Reich ha demostrado - que esto que consideramos habitualmente como siendo "la naturaleza humana", es de hecho una enfermedad engendrada por la cultura ,es decir la coraza. En otras palabras, el simple hecho de que un paciente pueda alcanzar la salud verdadera ( potencia orgástica), mina la teoría según la cual el hombre es "naturalmente" neurotico o, según el termino de los teólogos, "caido"

1.NDLR. Según E. Faure, la Venus de Willendorf, la más antigua forma humana esculpida, es probablemente anterior en varias decenas de siglos a las obras de Altamira.
2.NDLA. Mientras que Freud sa habia quedado en aceptar el carácter ineluctable de la" naturaleza humana"

Referencias
1)- REICH.W.: Ether, God and Devil. Orgone Istitute Press, New York, 1949.
2)UCKO. PJ, et ROSENFELD.A.: Paleolithic Cave Art. World Universiti Library. McGraw Hill, New York, 1967
3)NEUMANN.E.: The Great Mother.Bollingen, New York, 1955







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