sábado, 5 de abril de 2014

CUIDADOS DE URGENCIA ORGONÓMICOS EN EL NIÑO ( VI )

Esta es la continuación de la entrada anterior publicada en el blog el día 27 de Marzo y corresponde a la adaptación de un artículo leído en la Cuarta Conferencia Internacional de Orgonomía en Munich (RFA), Junio de 1984; escrito por el Dr. Giuseppe Cammarella y publicado en la revista de Sciencies Orgonomiques 1ère Année nº1-1986

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Un niño de nueve años y medio fue traído a la terapia por problemas escolares, problemas de socialización y numerosos tics.

Cada vez que entraba en el consultorio médico sus ojos estaban mirando al suelo y caminaba de lado como un cangrejo. Era un niño apagado de una monotonía increíble, con grandes problemas de contacto hasta el punto de chocar contra los muros o de tropezar cuando caminaba. En la escuela parecía totalmente carente de lógica, de fantasía de imaginación. Todo su organismo parecía petrificado de terror. Fue necesario reactivar sus emociones trabajando con vigor a nivel de los ojos y haciéndole expresar sus emociones con todo el cuerpo. Aconsejé a su madre masajearle en la nuca muy a menudo y hacerle seguir con los ojos una fuente luminosa en movimiento, de modo que él pudiera expresarse fuera de las sesiones. Le aconsejé también  de obligar al niño a mirarla a los ojos, puesto que tenía una fuerte tendencia a evitar la mirada. Era también necesario que ella detuviera  las brutalidades verbales y físicas que el padre y la abuela materna ejercían sobre su hijo.

La madre se interesó tanto en la terapia y quedó tan impresionada por los progresos de su hijo que deseó también emprenderla, Situación ideal, puesto que la madre descubre su infancia olvidada y se vuelve capaz de comprender la de su hijo. El niño siente  a su madre mucho más cerca de él: ella un adulto, debe hacer frente a la mismas emociones que él, un niño, debe afrontar. De repente, una intimidad afectiva, una complicidad emotiva y una comprensión recíproca de establecen. Y cuando el dice a su madre. “tengo miedo de ir a la terapia” ella le responde: “Yo también” y él asombrado exclama: “ Pero cómo? Tú eres una persona mayor” Sin mas discurso, la llamada “dignidad” de los adultos se hunde, el niño nos siente niños y nos respeta de la misma forma que respeta a los niños de su edad. Pero es un respeto real, espontáneo, basado en la admiración y en el amor, y no un falso respeto basado en el miedo o la envidia.

En la 3ª sesión el tic de los párpados y los movimientos espasmódicos de la cara y del cuello habían desaparecido. El niño se había vuelto más sociable, menos taciturno, no asaltaba más a sus compañeros sistemáticamente y empezaba a interesarse en lo que sucedía en el mundo (seguía por ejemplo el diario televisivo, cosa que no había hecho antes. Actualmente reaccionaba bromeando y no llorando, a los gritos de su padre (la liberación de su agresividad en terapia le permitía soportar la brutalidad a la que estaba sometido)

A la 20ª sesión vi a su maestra de la escuela  que me ha informado de resultados sorprendentes. Dijo que el niño sabe explicarse, que es más abierto, más lógico, que se siente bien en clase y que se aplica mucho. Respecto a la madre, estaba contenta de darse cuenta de que su hijo miraba a las personas directamente a los ojos y que caminaba sin apoyarse.

A la 26ª sesión he sabido que-por primera vez en su vida- se enfrentó a su padre levantando la voz y con los ojos muy abiertos (ha sido capaz de exteriorizar  su cólera controlando su terror). A propósito, no es necesario creer que nosotros  creamos el caos en las familias poniendo a los niños contra los padres. Es una cosa que no debe nunca producirse pues seria ineficaz, es decir nocivo para el niño que padecería las consecuencias. Esto no se produce nunca  si se ponen de manifiesto las emociones del niño de una forma gradual y siguiendo un cierto orden. El terapeuta debe explicar claramente a los padres que el comportamiento del niño y su estado emocional están ligados al progreso de la terapia. Es necesario al menos que uno de los padres esté de acuerdo con el terapeuta y la apoye en su trabajo, Los padres deben de estar preparados a hacer frente y tolerar las consecuencias de tal terapia e incluso a  amortiguar los daños que pueden surgir en el seno de la familia.

En el caso de este niño, 26 sesiones de 20 minutos cada una fueron suficientes  para hacer desaparecer todos los síntomas por los que había sido llevado a terapia. Aún no estoy satisfecho, hay aún un inmenso trabajo a hacer. El resultado final  es sin embargo muy prometedor puesto que su madre ha sido muy inteligente y el contacto con su hijo ha sido, y es, de una ayuda preciosa.

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( Continúa...)



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