miércoles, 4 de enero de 2012

EL NIÑO SANO Y LA ESCUELA ENFERMA (IV)

Continuación de la entrada publicada en el blog el dia 31 de diciembre sobre el articulo leido en la 4ª Conferencia Internacional de Orgonomia, Munich (RFA).Junio 1984 .

Con esta entrada finaliza el primer bloque del artículo anteriormente mencionado. Un segundo bloque del artículo está compuesto por la comparativa de la escuela autoritaria y de la escuela permisiva; dos tipos de escuela acorazada  que matan la genitalidad.

En el mismo articulo encontramos la definición de la genitalidad:

GENITALIDAD:  FUNCIÓN CORPORAL TOTAL EN LA QUE EL INTELECTO Y LAS SENSACIONES  NO SE HACEN OBSTACULO ENTRE ELLAS.



EL NIÑO SANO Y LA ESCUELA ENFERMA
Dr. Giussepe Cammarella
Médico orgonomista, Niza
Miembro del Colegio Americano de Orgonomia

…¿Para qué sirve una escuela totalmente indiferente a los problemas fundamentales del niño? ¿Qué es una escuela que tiende a mutilar la espontaneidad, el placer creativo, pues la atmosfera es intelectualmente estéril porque carece del humus biológico que es el placer genital? Escuchamos decir en los congresos pedagógicos que la escuela se interesa por los niños; pero, al contrario, no se interesa del todo porque evita lo esencial, la genitalidad infantil. El juego y la sexualidad tienen un lugar predominante en la vida del niño y deberían poder insertarse y expresarse en la vida escolar. ¿Pero cuál es la realidad? Se fragmenta la vida cotidiana del niño: por un lado los estudios, por el otro el juego y finalmente, para sublimar la sexualidad, cualquier actividad deportiva fuera de clase. La escuela-fábrica es responsable de una escisión entre la personalidad del niño y las asignaturas aburridas que se le obliga a aprender; de una escisión entre estudios y tiempo libre, teniendo por función habituar al futuro ciudadano a un trabajo aburrido durante seis días para tener luego el ocio del domingo; también es responsable de la división de los niños en grupos de niños y niñas y separa el mundo de los adultos (profesores) del de los niños (alumnos). La escuela acorazada crea desorden, desequilibrio y desacuerdo; está entonces obligada a ocuparse de los problemas secundarios causados por la supresión de los impulsos naturales. Por otra parte debe su funcionamiento a la destrucción de la genitalidad de los niños, se nutre de su energía estancada, aquella que, justamente, no circula libremente en sus cuerpos y que luego pone al servicio del intelecto y de los procesos de aprendizaje.


¿Qué pasa con el niño sano en este marco? Gracias a su vitalidad, a su energía libre y fresca, gracias también a sus padres que le animan y le apoyan constantemente, le explican sus contradicciones y las de los otros niños, el niño sano sabe aprovechar al máximo la escuela y obtiene el máximo placer de sus aspectos positivos sin por lo tanto sacrificar lo que hace de él un niño sano, es decir su espontaneidad, su vivacidad, su alegría de vivir. Ahora, por supuesto, no tiene tantas ilusiones en sus camaradas y su confianza no es, como antes, sin limites ni reticencias; aprende a querer a los demás por lo que son, a comprender que sus “debilidades” pueden ser signo de enfermedad, lo que le ayuda a soportarlos mejor. Se da cuenta de que si los otros, niños y adolescentes, tienen este comportamiento es a causa de la forma en que son educados en sus casas; su comportamiento rudo, vulgar, superficial e impulsivo no le sorprende más. Ciertamente, suspira a menudo, lleno de amargura: “¿Pero por qué las cosas han de ser así? Sería mejor estar unidos, relajados, sentirse amigos, pero al contrario siempre están uno contra otro, listos a criticar, a vengarse, a ser crueles”. Se ha dado cuenta también que el comportamiento de sus camaradas se degrada aún más cuando están en grupo; es por esto que prefiere una relación individual con algunos de ellos. Por otra parte también ha constatado que, por su actitud, los profesores explotan o intensifican el antagonismo entre los niños con el fin de acrecentar su propio poder o porque se quedan solos o incluso para hacer respetar el programa-fetiche. DIVIDE Y VENCERÁS: una astucia conocida durante miles de años.

Es justamente porque es sociable y abierto que el niño sano tiene una necesidad intensa de “formar parte” del grupo y esta adaptación no se hace a veces sino en detrimento de su cuerpo. Ha de aprender a dominarse, llega incluso a sabiendas a ser hipócrita en esto, debe a veces reprimir sus emociones y “hacer de tripas corazón “De buena gana estrangularía a sus compañeros por su maldad; y aunque es capaz de luchar cuerpo a cuerpo, no le dejan la posibilidad puesto que le atacan en grupo y, frente a las fuerzas reunidas contra él, únicamente puede que batirse en retirada. Estos días, en casa, lo encontramos agresivo, irritable y rebelde, la respiración espasmódica y la mirada extraviada. Ataca a sus padres y a los animales: martiriza al gato, rompe las alas de las moscas o hace alguna otra estupidez del mismo género. Los padres lo comprenden, están siempre de su parte, le explican lo que le pasa y un día incluso lo inscriben en un curso de defensa personal o de boxeo (no es suficiente de comprender intelectualmente la escuela acorazada, a veces es necesario defenderse físicamente). La tensión emocional es a veces tan fuerte que el niño necesitará incluso cuidados de urgencia orgonómicos (es por esto que es importante que estos métodos sean de uso corriente y que los padres o quienes se ocupen del niño tengan una preparación orgonómica).

Todos estos acontecimientos no han conseguido eliminar la curiosidad natural del niño ni su entusiasmo ni su optimismo. Continúa aprendiendo de forma apasionada, el descubrimiento le exalta siempre y regula él mismo de forma equilibrada su tiempo de estudio y su tiempo de ocio. Las dificultades no le desaniman, los cambio de rutina no le inmovilizan. Posee una libertad interior que le permite hacer frente a las tareas tediosas. Experimenta siempre la satisfacción del trabajo bien hecho, con pasión y sinceridad. Esto demuestra que si uno es libre de expresar sus emociones, el intelecto se limita a seguir.

Qué lástima que el niño esté obligado a perder gran parte de sus energías únicamente para evitar ser destruido por la escuela acorazada. Si la escuela se interesara en los instintos naturales, en la felicidad, en la libre expresión del niño en vez de obstinarse a querer “enseñarle valores”, seria un lugar en que el niño se sentiría como en casa. A este respecto, antes incluso de comenzar la escuela, el niño sano posee ya valores, unas bases sólidas, un orden interior y una moralidad natural. El civismo, la sinceridad, la honestidad son cosas que el no tiene necesidad de aprender puesto que él las siente ya en su cuerpo.

Quiero hacer hincapié que por niño sano, entiendo relativamente sano, en la medida que es posible serlo en una sociedad acorazada como la nuestra. Debido a que el niño debe ser capaz de integrarse en esta sociedad enferma para no ser una élite distanciada. Un niño sano puede tener ansiedades, momentos difíciles y conflictos como un niño emocionalmente enfermo pero, mientras que el segundo se ha quedado atascado, el niño sano tiene la capacidad para salir y sabe desembarazarse de todo lo que le perturba.

Nosotros cometemos muy a menudo el error de “imponer” la salud a los niños, de quererlos perfectos, de no permitirles ser imperfectos. Además, nosotros, adultos, somos mucho más indulgentes ante nuestras faltas que hacia aquellas de los niños.

Para concluir, se trata de decidir si la función de la escuela es la de proporcionar a la sociedad el tipo de individuos que necesita o más bien la de ayudar a los niños a desarrollar plenamente sus potenciales y por lo tanto a disfrutar plenamente de su vida. Ciertamente la instrucción escolar es importante pero es más importante aún salud y el bienestar del niño que este pueda seguir su ritmo, según sus afinidades y capacidades. Como reza el viejo dicho italiano “Meglio un asino vivo che un cavallo morto”(1), que la sabiduría popular francesa a transpuesto:” Un intelectual sentado va menos lejos que un tonto que camina”.

Alexander Neill ha dicho:

“Me temo que nuestras escuelas progresistas no van a la raíz del problema… Esta raíz (la genitalidad) pone en cuestión gran parte de los conceptos fundamentales cosa que no podría hacer la introducción de la enseñanza por ordenador o programas del tipo de las matemáticas modernas”

(1) “ Vale más un asno vivo que un caballo muerto”

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