jueves, 31 de marzo de 2011

LOS ESTADOS EMOCIONALES DE LA NATURALEZA (continuación)

Segunda y última parte de la traducción del articulo publicado por el Dr. Carles Frigola en el nº 6 de la revista Giro Salut.

Probablemente sea la tristeza el estado más frecuente en que se encuentra la atmosfera en nuestro planeta. El color azul, asociado a la tristeza, es el color básico de la energía orgónica. Cuando esta se contrae, el azul se vuelve más intenso y profundo y puede observarse en la cumbre de las montañas. Cuando predomina el anhelo, el azul es más claro incluso grisáceo.


Rabia atmosférica es una emoción de descarga asociada a un estado de ansiedad. Puede expresarse de una forma inmediata y natural, como en el caso de una tormenta acompañada de relámpagos, truenos, lluvia intensa y granizo. También es el caso de una tormenta con vientos huracanados que literalmente “barren una región”.

Entonces el cielo se muestra furioso, enfadado, sombrío; todas estas expresiones siempre son activas. El potencial destructivo para tales expresiones violentas de rabia atmosférica siempre esta presente, sobre todo en aquellas regiones con gran cantidad de polución ambiental. Como si la naturaleza quisiera “limpiarse” de una forma radical de los desastres humanos.

El DOR atmosférico: (Deadly Orgone Energy o Energía Orgónica Muerta). La desertización esta causada por el comportamiento extremo de la atmosfera, una característica que ha surgido en los últimos treinta años. La causa de este comportamiento es el DOR que ya esta presente por todas partes en nuestro planeta.

En una atmosfera limpia, luminosa, pulsátil (por ejemplo en el Pirineo) las nubes crecen de una forma bien delimitada y absorben gran cantidad de energía orgónica, captando así el agua y la humedad. Existe pues un equilibrio en la atmosfera que es capaz de cargarse y descargarse, según la fórmula de Reich. Se carga por la mañana y se descarga (lluvia) por la tarde como pasa en el Pirineo.

La coraza-DOR de la atmosfera actual destruye esta secuencia natural y rítmica, de la misma forma que la coraza humana (armadura caracterial) destruye la capacidad del organismo viviente de expandirse y contraerse de una forma unitaria; dando lugar a enfermedades.

En ambos casos, tanto en el humano como en el atmosférico, la coraza-DOR impide la pulsación, lo que da lugar a la manifestación extrema de sequia-inundación. Observando el gráfico, vemos que la sequia y las inundaciones son dos procesos antitéticos de un mismo principio común funcional: el DOR.
La pulsación armoniosa de la atmosfera ha estado sustituida por violentos extremos de expansión y contracción; de sequia y de inundación; de calores extremas no habituales, a estaciones de fríos intensos. Este funcionamiento espasmódico, continuo y lento, es la causa fundamental del desarrollo de los desiertos, donde la temperatura fluctúa entre el calor diurno extremo, al frio nocturno. En el caso que existan precipitaciones, estas son anuales y lo arrasan todo. Para restaurar la pulsación atmosférica necesitamos un programa global, dando prioridad a la eliminación del DOR.

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